Andócides: Introducción

Seguimos para este autor la primera edición en nuestra lengua, un volumen de Biblioteca Clásica Gredos que contiene sus obras y las de Antifonte, traducidas por Jordi Redondo Sánchez.

Andócides nace hacia 400 aC en el demo Cidataneo. La familia de su padre, Leógoras, formaba parte del clan de los Cérices, vinculado desde antiguo al culto de las clases nobiliarias atenienses. El orgullo de este origen será reflejado en diversos puntos de sus obras, al recordar las gestas de sus antepasados o los beneficios recibidos por la ciudad. Siguiendo la tradición, Andócides ocupó diversos cargos de orden público, y llevó a cabo sus obligaciones como sacerdote y anfitrión.

Se vio implicado en el famoso, o infame, caso de los Hermes (mutilación de dichas estatuas realizada en la víspera de la partida de guerra hacia Sicilia). Al parecer, tanto él como su padre y otros familiares se vieron envueltos en la investigación como miembros de heterías oligárquicas (pequeñas agrupaciones semisecretas con fines políticos). Debido a los delatores la denuncia se fue ampliando, y el mismo Andócides implicó a cuatro compañeros de facción, aún libres, para salvarse a sí mismo y a su familia.

Una vez absueltos, el resentimiento logró que la Asamblea y el Consejo proclamaran un decreto que excluía de los actos políticos y religiosos a todo aquel que hubiera sido reconocido como reo de impiedad. Esto llevó a Andócides al exilio: Sicilia y la Magna Grecia, el Peloponeso y Tesalia, el Helesponto y Jonia, y principalmente Chipre. Por sus actividades, medio políticas medio comerciales, logra la protección de algunos señores y una nueva fortuna.

En el invierno de 412 a 411 aC intenta ganarse el favor de los atenienses, enviando a la flota de Samos madera, trigo y bronce, y luego trata de regresar a su ciudad, justo en el momento de la presencia en el gobierno de los oligarcas. Éstos le tratan como enemigo, pues la flota de Samos estaba de forma manifiesta a favor del retorno de las garantías democráticas. Acogido a sagrado y encarcelado, será liberado a la caída del régimen. Es entonces cuando pronuncia Sobre su regreso.

Sospechoso de haber mantenido un doble juego, los demócratas lo mantienen alejado de la vida política, y Andócides decide continuar su exilio. Cuando la situación contra Esparta se precipita, en 405 aC, y Atenas llama incluso a sus hijos indeseables, nuestro orador no regresa (no sabemos si por despecho o por impotencia). Tras el gobierno de los Treinta Tiranos y la proclamación de una amnistía general, ya en 402 aC, Andócides regresa a Atenas, y comienza su vida ciudadana: cargos públicos, litigios, intervenciones en la Asamblea y el Consejo, etc.

Pero sus enemigos no descansan, y el 399 aC se desata una campaña contra él, incluido un discurso acusatorio atribuido a Lisias. Pero su discurso Sobre los misterios y el apoyo popular le dan una sonada victoria.

En 392/391 aC, Andócides formó parte de una embajada plenipotenciaria que Atenas envía a Esparta para gestionar un tratado de paz que acabe con la guerra corintia. Los hechos no están claros, pero a su regreso los embajadores traen sólo una propuesta para la Asamblea, que fue defendida por nuestro orador con Sobre la paz con los lacedemonios. Sospechosos de traición a la patria, y tal vez víctimas de las luchas de partidos, los embajadores fueron enviados al exilio. Las noticias sobre Andócides acaban aquí, e ignoramos la fecha o el lugar de su muerte.

En cuanto a su producción, debemos observar que nunca llegó a dominar los recursos de la retórica como un experto, lo que no fue óbice para que Isócrates y Esquines se interesaran por diversos motivos. Empleó el ático antiguo, como Antifonte, aunque su mayor juventud lo acerca al ático nuevo de Lisias. No es tan rico estilísticamente, y tampoco resulta brillante: abundantes anacolutos, repeticiones de palabras e incluso de oraciones y ciertos coloquialismos sintácticos son algunos de sus rasgos. Aún así son interesantes algunas novedades, un léxico variado y sugestivo, y ciertos puntos de contacto con el drama, la prosa historiográfica o la de los sofistas. Su falta de oficio se ve compensada por su naturalidad narrativa, y las imprecisiones y descuidos contrastan con el uso de sus propias vivencias.

En cuanto a sus obras conservadas, son bastante escasas, reduciéndose a tres o cuatro discursos:
También nos ha llegado un título más, A sus camaradas, del que nada podemos saber. Conservamos muy pocos fragmentos de otras obras, y sólo dos alcanzan una mínima extensión.

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