Píndaro: odas Ístmicas

Este es el listado de las obras de Píndaro, conservadas prácticamente en su totalidad, y clasificadas según el sistema alejandrino por su aparición en las competiciones Ístmicas. Como es habitual, añadimos algunos versos que nos parecen interesantes.

~ Ístmica I, a Heródoto de Tebas, vencedor en la carrera de carros.
El triunfo de Heródoto es excepcional al ser él mismo auriga de su propio carro, cuando todos los reyes y ricos dueños de cuadras tenían gente que corría por ellos. Así se compara al tebano con Yolao y Cástor. Tras la alabanza de Tebas y de su gran héroe, Heracles, el poeta vuelve a Heródoto, enumerando sus victorias tras recordar la riqueza y prestigio de su padre, logradas a pesar de las revueltas políticas.

~ Ístmica II, a Jenócrates de Agrigento, vencedor en la carrera de carros.
Dedicada al mismo para quien compuso la Pítica VI, que habría muerto dos años antes (en el 472 aC). A instancias del hijo de Jenócrates, Trasibulo, se celebra la victoria conseguida en el 477 aC, recordando la amistad y hospitalidad de la familia de los Emménidas y elogiando a Nicómaco, habitual auriga de Jenócrates.

~ Ístmicas III y IV, a Meliso de Tebas, vencedor en la carrera de caballos y en el pancracio.
 No sabemos si se trata verdaderamente de dos obras distintas, o de una sola, cuya primera parte (III) se colocaría más tarde como introducción a la otra. La unidad, en cualquier caso, es evidente: en el cambio de una a otra se mantiene el pensamiento de que el destino humano está sometido a cambios, de los que se libran los hijos de los dioses. Esta oscura visión del destino deja paso al ejemplo de Áyax, y la velada alusión al pequeño tamaño de Meliso permite recurrir a Heracles, también pequeño frente al colosal Anteo. Los últimos versos son especialmente encomiásticos, alabando a Meliso por sus triunfos y recordando a Orseas, su entrenador.
Mas honra entre los hombres le ha procurado Homero que, enalteciendo
su heroísmo todo, para futuro gozo de poetas
lo refirió según el mágico poder de sus divinos versos.
Porque inmortal prosigue resonando algo,
cuando lo dice uno bellamente. Y por la tierra de frutos abundante y por la mar camina
el rayo de las hermosas obras, por siempre inextinguible.
~ Ístmica V, a Filácidas de Egina, vencedor en el pancracio.
Si la Nemea V celebraba a Píteas, esta honra al su hermano menor, aunque recordando al primero por ser entrenador del segundo. La mención de la batalla de Salamina permite suponer que la obra se escribió en 479 o 478 aC. Tras invocar a la divinidad madre de la luz, se canta a ambos deportistas, a la isla y a los héroes eácidas del desfile de Áyax (Aquiles, Telamón, Peleo). Tras loar a la flota de Egina, el poeta solicita al coro que lleve a Filácidas la guirnalda y la canción.

~ Ístmica VI, a Filácidas de Egina, vencedor en el pancracio de niños.
Esta oda es anterior a la V (data del 480 aC, antes de la batalla de Salamina), y celebra una victoria del mismo joven, con alabanzas a él y a su hermano y entrenador Píteas. El poeta habla de las victorias en Nemea y en el Istmo, deseando que haya otra mayor (en Olimpia). Tras la invocación a las diosas del destino se recoge la leyenda de Peleo y Telamón acompañando a Heracles contra Troya. La parte final recuerda las victorias deportivas y las virtudes ciudadanas de los hermanos.

~ Ístmica VII, a Estrepsíades de Tebas, vencedor en el pancracio.
Parece que la oda fue compuesta en el 454 aC, poco después de la batalla de Enófita, en la que los tebanos, abandonados a su suerte por Esparta, cayeron bajo domino ateniense (que les impuso el régimen democrático, cordialmente odiado por Píndaro). En la batalla murió un tío de Estrepsíades del mismo nombre. De ambos hechos parece consolarse el poeta recordando el glorioso pasado mítico de Tebas. La muerte reaviva el pensamiento sobre la inconsistencia del destino humano.
¡Mas duerme, sí, la antigua
gloria, y olvidan los mortales
lo que no llega a la suprema flor (de la poesía),
uncido en las gloriosas corrientes de los versos!
~ Ístmica VIII, a Cleandro de Egina, vencedor en el pancracio de niños.
Tebas, aliada de los persas, estuvo a punto de ser destruida por decisión de los confederados griegos tras la batalla de Platea (479 aC). La ejecución en Esparta y Atenas de los principales políticos tebanos libraron a la ciudad, por lo que, nos dice Píndaro, deben sus habitantes superar la angustia y cantar a Cleandro. Recuerda el poeta la amistad entre Egina y Tebas, llevando desde esto hasta el precioso matrimonio de Peleo y Tetis. Se alaban las victorias de Cleandro y de su primo Nicocles, para conservarlas como los versos épicos a Aquiles.

~ Fragmento de una posible Ístmica IX.
En sus nueve versos aparece un elogio a los habitantes de Egina como marineros y navegantes, amantes de la poesía y las competiciones atléticas.

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