El problema de Homero y el problema de la lengua

Aunque me había propuesto hacer una entrada sobre la Ilíada y la Odisea, mientras escribía me di cuenta de que iba a comentar en ella un par de cosas que, en realidad, pueden extenderse a la mayor parte de obras que vamos a analizar.

El período que nos ocupa abarca desde el siglo VIII aC hasta el V dC, por lo que los autores que las escribieron no son, en muchos casos, más que nombres legados por la tradición. El ejemplo que podemos considerar paradigmático es Homero.

Homero fue un poeta o aedo que vivió hace 2800 años. Sin embargo, los estudiosos hablan en ocasiones de que fueron dos poetas distintos, uno para cada obra. Algunos, para conciliar ambas teorías, proponen que la Ilíada fue obra de juventud, y la Odisea de madurez. Aun otros piensan que las obras no son más que la reunión de obras de diferentes autores.

Sin embargo, la heterogeneidad entre las diversas partes nos habla más bien de una superposición de capas de épocas diversas. Algunos elementos pudieron haber sido tomados de la literatura prehelénica, no recibieron su forma definitiva hasta el VII aC, y se introdujeron nuevas interpolaciones hasta que los eruditos alejandrinos fijaron el texto. Es anecdótico de este hecho que, según se piensa, la división de ambas obras en veinticuatro capítulos (las mayúsculas griegas para la Ilíada, las minúsculas para la Odisea) fue obra de Zenódoto de Éfeso (primer bibliotecario de la famosa Biblioteca de Alejandría, si no se considera a Demetrio de Falero).

Pero estas cuestiones no deben perturbar al lector: son disquisiciones biográficas apoyadas en argumentos filológicos, que deben importar menos que la consideración y disfrute de una obra que se halla en el umbral de la literatura occidental. Deben considerarse ambas obras como parte de una épica casi perdida, creadas por un poeta (tal vez, el mismo para ambas), que llamamos por tradición Homero, sin importar su circunstancia histórica y humana.

El mismo argumento puede extrapolarse para casi todos los autores clásicos, así como a la lengua. Hoy en día, con la vastedad de conocimientos de que se compone nuestra cultura, es imposible para la mayor parte de la población disfrutar de la lectura en griego o latín. Así pues, en nuestras reseñas intentaremos no preocuparnos por los detalles biográficos oscuros, y confiaremos en el buen hacer de los traductores para reflejar el uso de la lengua original en nuestra castiza lengua. 

Para la próxima entrada, esta vez sí, analizaremos las grandes epopeyas de la cultura griega. 


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