Odisea, canto noveno: Relatos a Alcínoo. Cíclopes

Soy Ulises Laertíada, tan conocido de los hombres por mis astucias de toda clase; y mi gloria llega hasta el cielo.
Así se presenta el héroe a los feacios, iniciando la larga narración de sus aventuras, desde la salida de Troya hasta la llegada a la isla de Ogigia. Serán tres los cantos en los que, sin interrupción, Ulises se ocupará del puesto de narrador.
En primer lugar, los vientos llevan a su gente al país de los cícones, donde asaltan la ciudad y toman mujeres y riquezas. Ulises pretende irse enseguida, pero sus hombres deciden montar un festín en la playa, y a la mañana siguiente son atacados por los cícones del interior, más belicosos. Los aqueos, con bastantes bajas (seis por cada nave), huyen en las naves.
El viento los conduce luego a la tierra de los lotófagos. Al descubrir que comer el loto elimina cualquier tipo de voluntad, salvo la de seguir comiendo, Ulises arrastra a los exploradores de vuelta a las naves, y parten de nuevo.
Llegan luego a la tierra de los Cíclopes, que Ulises describe casi como salvajes.
No tienen ágoras donde se reúnan para deliberar, ni leyes tampoco, sino que viven en las cumbres de los altos montes, dentro de excavadas cuevas; cada cual impera sobre sus hijos y mujeres, y no se entretienen los unos con los otros.
Las naves recalan en una isla deshabitada, algo apartada de la tierra de los Cíclopes, donde Ulises y sus compañeros se alimentan de cabras. Ulises parte al día siguiente con una única nave (dejando atrás las otras once) para averiguar qué hombres habitan en aquella tierra.
Descubierta en aquel lugar una gruta rodeada de ovejas, Ulises se encamina a ella con sus doce mejores hombres, dejando encomendada la nave al resto.
De este vino llevaba un gran odre completamente lleno y además viandas en un zurrón; pues ya desde el primer instante se figuró mi ánimo generoso que se nos presentaría un hombre dotado de extraordinaria fuerza, salvaje e ignorante de la justicia y de las leyes.
Nada más presentarse allí el cíclope, en lugar de guardar la debida hospitalidad, les interroga sobre su origen y su nave. Ulises le engaña, diciéndole que no llegaron en nave alguna, sino que ésta se hundió. El cíclope consigue atrapar a dos de los hombres, y se los prepara como cena. Luego se echa a dormir, y Ulises, viendo que si lo matan no podrán mover la enorme piedra que cierra la gruta, decide esperar.
A la mañana siguiente, el monstruo devora a otros dos hombres, y sale a pasear al ganado. Mientras tanto, Ulises prepara una afilada estaca a partir de una enorme rama que está secándose en la cueva.
El cíclope regresa, y vuelve a cenarse a otros dos hombres. Ulises le ofrece vino, para embriagarlo, y dice llamarse Nadie. Cuando el ser cae dormido, le clavan la estaca en su único ojo. A sus gritos acuden otros cíclopes (sabemos así que su nombre es Polifemo), pero como él repite el nombre de Nadie, no le hacen caso. Luego Ulises y sus hombres escapan con el artificio de esconderse entre la lana de las ovejas.
Ya en la nave, el héroe increpa a Polifemo, quien lanza un enorme peñasco y casi hace hundir el barco. Sin embargo, Ulises no puede evitar dar su nombre auténtico al monstruo, burlándose de él. Polifemo ora a su padre, Poseidón, para que Ulises no vuelva a su palacio.
Mas si le está destinado que ha de ver a los suyos y volver a su bien construida casa y a su patria, sea tarde y mal, en nave ajena, después de perder todos los compañeros, y se encuentre con nuevas cuitas en su morada.
{No entiendo cómo sabe el cíclope de palacios y casas bien construidas, si hemos de hacer caso a la descripción de su gente}
Se reúnen Ulises y los suyos con el resto de compañeros, y el héroe realiza un sacrificio a Zeus. Partiendo de la isla al día siguiente.
Desde allí seguimos adelante con el corazón triste, escapando gustosos de la muerte, aunque perdimos algunos compañeros.

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