Anacreonte

Anacreonte vivió todo el período de crisis durante el que las ciudades griegas de Asia pasaron del benévolo imperio de los lidios a su dominación por los persas, y al surgimiento de Atenas como principal potencia capaz de hacerles frente. Él fue uno de los griegos de Asia que tuvo que emigrar, en su caso a la propia Atenas. Con ellos llevaron las tradiciones filosóficas y la poesía, que no dejarán de ejercer influjo en el período siguiente.
El cantor de los banquetes y del vino, de un erotismo ligero e irónico y de la vida placentera, vivió en realidad duros embates. Nació en torno al 572 aC en Teos, una pequeña ciudad de Jonia. En 546 aC, con la toma de Sardes por Ciro, Teos fue abandonada por sus habitantes, que se trasladaron a Abdera, en Tracia.
Finalizado el tiempo de la poesía mélica desarrollada en Lesbos, y también la escuela poética de Locros, Anacreonte logrará crear un nuevo tipo de canción a partir de los anteriores, uniéndola a la poesía popular jonia.

Algunos de sus fragmentos incluyen el tono bélico, pero pronto repetirá el tema del escudo abandonado (antes en Arquíloco y en Alceo), y cantará al amor y al banquete. Ha conocido al violento y frenético Dioniso, que él transformará en un amable dios erótico. Consigue absorber los temas tracios mediante una helenidad refinada y algo decadente, y adaptará al ambiente cortesano la antigua monodia que había recibido forma literaria con los lesbios. Invitado a Samos por el tirano Polícrates, cuando éste caiga (en 522 aC), deberá abandonar la isla. Otro tirano, Hiparco de Atenas, lo acogerá. Anacreonte se reviste de los sentimientos o actitudes del tirano, formando una especie de doble literario de él. En Atenas conoce a Laso y a Simónides, y como éste, debió de pasar a Tesalia tras la expulsión de Hipias (510 aC), que había sucedido a su hermano Hiparco. Volverá más adelante, y conocerá allí a Jantipo (padre de Pericles) y a Critias (antepasado del Critias, tío de Platón, que dedicará unos versos al poeta). Murió ya viejo, en torno al 485 aC, siendo muy apreciado en Atenas, con un busto en la Acrópolis que llegó a ver Pausanias (siglo II).

La fama de Anacreonte procede de la monodia de tipo simposíaco, pero Critias nos habla también de sus canciones de mujeres (semejantes a las locrias o a las lesbias) y de sus partenios. Otras fuentes nos señalan algunos yambos y elegías.
Su canción simposíaca es más breve que las lesbias, aunque quedan huellas de su estructura ternaria (muy comprimido el centro, y comenzando con simples afirmaciones del autor o temas autobiográficos).
En su obra, aunque siempre irónica y llena de amor a la vida, encontramos notas de melancolía, no sólo por el tema de la vejez y la muerte, sino por su vida entera. Su reino es el de la ironía y el doble sentido, pero también el de la frivolidad frente a la injusticia de la vida.

Los fragmentos conservados son escasos y muy breves. Esta deficiente conservación no nos permite saber cómo sus temas más frecuentes (el amor y la bebida) se unían al elogio a Polícrates. La versión alejandrina tal vez constara de cinco o más rollos, pero es imposible siquiera acercarse a conocer su organización.

Algunos fragmentos:
Otra vez Eros de cabellos de oro me alcanza con su pelota purpúrea y me invita a jugar con una muchacha de sandalias multicolores. Pero ella, como es de la bella isla de Lesbos, desprecia mis cabellos porque son blancos y abre su boca en busca de otros.
Oh muchacho que miras igual que una doncella, te estoy buscando y tú no me haces caso porque no sabes que eres el auriga de mi alma.
He comido cortando un poco de una tarta ligera, he bebido hasta el fondo una jarra de vino. Y ahora toco muellemente mi bella lira, haciendo serenata a la querida...
Salud, querida luz que sonríes con tu bello rostro.
Canosas están mis sienes, blanca mi cabeza; ha huido de mí la juventud graciosa, están viejos mis dientes, y de la dulce vida me queda ya poco tiempo. Por eso lloro muchas veces, temeroso del Tártaro; pues es terrible el abismo de Hades y dolorosa es la bajada hasta él: es bien cierto que el que baja no sube.
A la hetera Erotima:
Y (el Pudor) cree que te cría entre lirios como a una muchacha prudente, pero tú has huido a prados llenos de jacintos, donde la Chipriota ha atado sus yeguas, liberadas del yugo.

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