Alcmán

Uno de los papiros de Oxirrinco sitúa a Alcmán en el reinado del espartano Leotíquidas, en la última parte del siglo VII aC. Su nombre es la forma laconia de Alcmaion (Alcmeón), y todos sus poemas están escritos en dialecto laconio (es la única literatura conservada en esta lengua). Sin embargo, el poeta pudiera proceder de Sardes, capital del reino lidio, por más que el sentido nacionalista espartano desarrollado en siglos posteriores negara tal hecho. Sí es cierto que, a la vista de su dominio dialectal y su uso de mitos y cultos espartanos, tal vez pudiera ser un laconio avecindado en Sardes, regresado luego a su patria.

Esparta (en esta época, contraria al cierre cultural que viviría más adelante) recibió en sus fiestas a los más importantes poetas griegos, y Lidia no era entonces la fuente de esclavos que sería para Roma, sino el máximo exponente del lujo y poderío asiáticos. Los corales de Alcmán testimonian sus relaciones con las casas reales espartanas, los Euripóntidas y los Agíadas (en todo momento había, como se sabe, dos reyes en Esparta). 

Los textos de Alcmán contienen abundantes homerismos, y algunos desarrollan temas de la Ilíada o la Odisea. Su poesía se encuadra dentro de las normas generales de la lírica griega; pero, al mismo tiempo, es estrictamente laconia, lo que nos permite echar una ojeada sobre la cultura y el ambiente de la Esparta arcaica; concretamente de la religión y la sociedad, no de su aspecto guerrero (que es tratado por Tirteo, contemporáneo suyo). Coexisten rancios arcaísmos con la nueva ola procedente de Oriente, destacando en especial el ambiente de esplendor que se vivía en esas celebraciones, tal y como se revela en algunos fragmentos. Obtenemos así una imagen más rica y pintoresca que los posteriores Estesícoro (más extenso) o Píndaro (más solemne).

Hallamos al autor como poeta de los coros que danzaban y cantaban en las grandes festividades espartanas. Coros de doncellas, cuyos coregos {jefes del coro, que pertenecían en Esparta a las casas reales} podían ser mujeres u hombres. Existe una relación con los coros femeninos de la carrera de Olimpia, los concursos de belleza de Lesbos o los coros de los epitalamios.

El partenio era un canto coral en honor de una divinidad, de ritmo vivo y acompañado de música y danza. Seis libros de partenios de Alcmán fueron editados en Alejandría, aunque hoy solamente unos pocos fragmentos pueden asignarse a un libro determinado. También nombra la Suda (una gran enciclopedia bizantina del s. X) una obra llamada kolymbosai, que no ha llegado a nosotros.

Los partenios tienen una estructura ternaria: proemio, centro y epílogo. El proemio contiene una exhortación o un elogio, y puede contener alusiones a la fiesta o manifestaciones del poeta. El centro contiene el mito, ejemplificando el poder de la divinidad. El epilogo repite temas del proemio, pero orando por la ayuda divina a la ciudad. El corego dirige la danza, y aunque no tiene por qué cantar, a veces lo hace. Los proemios y epílogos de Alcmán hacen el elogio de las jóvenes del coro, o de la corego, y algunos fueron considerados propiamente eróticos en la Antigüedad. En este aedo, la poesía es mixta: el centro es cantado por un coro, pero proemio y epílogo son monódicos (el solista solía ser el propio poeta o la corego).

Como colofón, algunos fragmentos que sirvan de ejemplo. Son tan breves que no dan la oportunidad de ver desarrollado un tema, salvo la idea de la competición coral, que se repite varias veces. Únicamente por ello, por la descripción de la fiesta espartana en período arcaico, puede ser interesante una lectura tan fragmentada. Frente a los textos conservados de Alcmán, uno debe obligarse a leer despacio y saborear cada verso, porque de lo contrario se corre el riesgo de pasar los ojos por encima de la página sin disfrutar de la experiencia.
No era un varón selvático ni torpe ... ni un tesalio, ni un pastor de Erisica, sino de la elevada Sardes.
Ya no más, vírgenes de canto de miel, de voz sagrada, quieren mis miembros sostenerme; ojalá, ojalá fuera yo el cérilo, que sobre la flor de la ola vuela con los alciones con corazón valiente, ese pájaro sagrado, de color de púrpura marina.
Estas palabras y esta melodía inventó Alcmán, componiendo al unísono con las perdices que vibran su lengua.
Duermen las cumbres de los montes y los barrancos, las alturas y los torrentes, y las tribus de los animales que cría la tierra negra, y las bestias salvajes de la montaña, y la raza de las abejas, y los monstruos del abismo del mar espumante; duermen las tribus de las aves de largas alas.
Nausícaa y sus doncellas al descubrir a Ulises:
Dejaron (el juego) por terminar, como los pájaros cuando llega volando el halcón.

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