Ilíada, canto vigesimotercero: Juegos en honor de Patroclo

Aquiles y los mirmidones lloran el cadáver de Patroclo, y realizan un banquete en su honor. Luego, los reyes aqueos conducen al héroe a la tienda de Agamenón, donde le ofrecen agua para lavarse el polvo y la sangre.
-¡No, por Zeus, que es el supremo y más poderoso de los dioses! No es justo que el baño moje mi cabeza hasta que ponga a Patroclo en la pira, le erija un túmulo y me corte la cabellera; porque un pesar tan grande no volverá jamás a sentirlo mi corazón mientras me cuente entre los vivos.
Aquiles acaba durmiéndose junto a la playa, y en su sueño le visita el alma de Patroclo. Le pide que le entierre pronto, ya que no puede entrar en el palacio de Hades, y que ambos sean enterrados juntos, pues así se criaron. A continuación se detalla la preparación de la pira (la recogida de leña, los sacrificios), que arde durante toda la noche.
Al día siguiente, tras recoger los restos, se celebra una carrera de carros, con premios otorgados por Aquiles. Se presentan los concursantes, entre ellos Antíloco, a quien su padre Néstor aconseja:
-(...) ¡Ea!, pues, querido, piensa en emplear toda clase de habilidades para que los premios no se te escapen. El leñador más hace con la habilidad que con la fuerza; con su habilidad el piloto gobierna en el vinoso ponto la veloz nave combatida por los vientos, y con su habilidad puede el auriga vencer a otro.
Se nos describe luego el desarrollo de la carrera: a Eumelo se le rompe el yugo, Atenea enardece los ánimos de los caballos de Diomedes, y Antíloco se comporta insensatamente, lanzándose sobre Menelao. Entre el público, Idomeneo y Ayante de Oileo discrepan sobre el que va en cabeza, pero Aquiles les hace callar.
Tras la llegada, Aquiles pretende entregar el segundo premio a Eumelo, pues es conocido que es mejor auriga, pero ante la queja de Antíloco, le regala otro presente distinto. Menelao increpa a Antíloco por su actitud, pero acaba dejándole el segundo premio ante sus sinceras disculpas. El desierto quinto premio, como consolación, es entregado a Néstor, quien no podrá participar en ninguna prueba. El anciano recuerda los juegos durante el entierro de Amarinceo, en los que despuntó en todas las pruebas.
En el pugilato se enfrentan Epeo y Euríalo, venciendo el primero. Y en la lucha, Ayante Telamonio y Ulises.
Puesto el ceñidor, fueron a encontrarse en medio del circo y se cogieron con los robustos brazos como se alzan las vigas que un ilustre artífice une, al construir alto palacio, para que resistan el embate de los vientos.
Aquiles interrumpe la larga lucha, que queda en empate. En la carrera participan Ayante de Oileo, Ulises y Antiloco, resbalando en el estiércol el primero por culpa de Atenea, y ganando el segundo.
Duelan con armas, a primera sangre, Ayante Telamonio y Diomedes. Es declarado un empate, aunque el premio principal va para Diomedes, que estaba a punto de herir en el cuello a Ayante y obligó así a parar la pelea.
Realizan luego el lanzamiento de peso, ganando Polipetes por mucha distancia. Meríones vence a Teucro en la competición de arco. Agamenón y Meríones se presentan para arrojar la lanza, pero Aquiles, sin dejarles tirar, otorga el premio al Atrida.

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