Píndaro: odas Píticas

Este es el listado de las obras de Píndaro conservadas prácticamente en su totalidad, y clasificadas según el sistema alejandrino por su aparición en las competiciones Píticas. Como es habitual, añadimos algunos versos que nos parecen interesantes.

~ Pítica I, a Hierón de Etna, vencedor en la carrera de carros.
Tras la victoria en el 470 aC de Hierón, tirano de Siracusa, a Píndaro se le encomendó que celebrara este hecho, junto a la fundación de una nueva ciudad en las laderas del Etna. Solicita el poeta la protección de los dioses, y aconseja al nuevo rey, Dinómedes (hijo de Hierón). Podría ser la más bella de las odas de Píndaro.
De sus cavernas son vomitados de fuego inabordable
manantiales purísimos; y sus ríos de día vierten ardiente torrente de humo,
mas en las noches oscuras piedras
arrastra rodando la llama purpúrea a la honda llanura del mar con estruendo.
~ Pítica II, a Hierón de Siracura, vencedor en la carrera de carros.
Compuesta hacia el 475 aC, esta oda incluye encomios a Siracura y ejemplos de la gratitud merecida hacia su tirano, Hierón: el agradecido (como el sacerdote Cíniras) obtiene gozos, el desagradecido (como Ixión) o el denostador (Arquíloco) obtienen justos castigos. No hay referencias concretas a ninguna victoria en los juegos, como es habitual en Píndaro, y desde la antigüedad se la incluye entre el grupo de las odas píticas.

Pítica III, a Hierón de Siracusa.
Esta oda no celebra triunfo deportivo alguno, pero conserva la misma estructura que el resto de odas. Sí incluye el recuerdo de Ferenico, el caballo de carreras del tirano Hierón, llegando luego la narración a cantar el destino de Asclepio. Finalmente, se espera que el poder de Hierón sea conservado en el recuerdo gracias a la poesía.

~ Pítica IV, a Arcesilao de Cirene, vencedor en la carrera de carros.
La oda más extensa de Píndaro celebra la victoria que Arcesilao IV obtuvo en el 462 aC, siendo cantada en su palacio durante una fiesta pública. Mediante Eufemo, ascendiente de Arcesilao y miembro de la expedición de los Argonautas, la obra nos lleva a ese mito, desde el anuncio del oráculo hasta la profecía de Medea sobre el origen de la estirpe de Cirene.
Así, de seguro, fueron las frases de las palabras de Medea. Y estupefactos quedaron, inmóviles, en silencio,
los héroes semidioses al oír el compacto designio.
~ Pítica V, a Arcesilao de Cirene, vencedor en la carrera de carros.
Esta oda celebra la misma victoria que la anterior, pero estaría destinada a ser cantada en las fiestas en honor de Apolo Carneo (y, por tanto, para un público más numeroso y de orígenes más humildes). Brillan los elementos de alabanza al rey y a la importancia del triunfo. También se celebra al auriga, Carroto (cuñado de Arcesilao), pues había vencido a cuarenta carros, quedando el suyo intacto de percances (fue dejado como ofrenda para Apolo).

~ Pítica VI, a Jenócrates de Agrigento, vencedor en la carrera de carros.
Parece, más que un epinicio a la victoria, un encomio al joven Trasibulo, representante en Delfos de su padre Jenócrates. Usa Píndaro aquí el episodio de la Ilíada en que Antíloco defiende a su padre Néstor ante los muros de la ciudad. Las cualidades otorgadas al príncipe son testimonio del afecto personal que el poeta le profesaba.

~ Pítica VII, a Megacles de Atenas, vencedor en la cuadriga.
En esta breve oda dedicada al ateniense, Píndaro se refiere al destierro sufrido por su familia, los Alcmeónidas, y a la condena al ostracismo que sufrió en el 487 aC, justo un año antes de su victoria en los Juegos Píticos.

~ Pítica VIII, a Aristómenes de Egina, vencedor en el pugilato.
Dispensa múltiples alabanzas a la isla de Egina, y tras presentar algunos perturbadores de la Paz (Porfirio, Tifón) recuerda el mito de Alcmeón. Los cambios de las cosas humanas arrancan a Píndaro pensamientos tristes sobre la existencia, en una obra de madurez compuesta en el 446 aC.

~ Pítica IX, a Telesícrates de Cirene, vencedor en la carrera con armas.
La victoria de un cirenaico le da ocasión para retornar al tema mítico de las Píticas IV y V, cantando ahora el nacimiento, la juventud y el desposorio de la ninfa Cirene con Apolo, que la convierte en señora de Libia. Luego elogia rápidamente al vencedor, recordando otras victorias suyas.

~ Pítica X, a Hipocles, joven tesalio, vencedor en la carrera doble.
Compuesto el 498 aC, es el poema más antiguo que conservamos de Píndaro, que por entonces contaba 20 años. Encomio de la familia, del vencedor y de su padre, quien había triunfado también en Delfos, así como en Olimpia. Se centra en el pasaje mítico de Perseo, antes de elogiar la constitución aristocrática.

~ Pítica XI, a Trasideo, joven tebano, vencedor en el estadio.
Invoca Píndaro la presencia de las insignes mujeres míticas de Tebas, patria de Trasideo. Sin querer alejarse, perdiéndose en la cantidad de mitos referenciados, vuelve a la loa del ganador y de su padre, y vuelve a ofrecer una imagen de su ideario político.
¿Acaso, oh amigos, por trivios desviantes me fui separando,
habiendo ido por recto camino antes? ¿O un viento fuera de rumbo
me lanzó, como esquife en el mar?
~ Pítica XII, a Midas de Agrigento, vencedor en el certamen de flauta.
La única que celebra la victoria en una competición artística. Midas, del que nada sabemos, era al parecer un virtuoso del oboe. La oda establece una referencia a la creación mítica de la flauta, y se cierra con el pensamiento sobre la inestabilidad de la suerte humana.

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