Odisea, canto cuarto: Lo de Lacedemonia

Apenas llegaron a la vasta y cavernosa Lacedemonia, fuéronse derechos a la mansión del glorioso Menelao y halláronle con muchos amigos, celebrando el banquete de la doble boda de su hijo y de su hija ilustre.
{También es casualidad, que un banquete celebrara Néstor a la llegada de Telémaco a Pilos, y otro banquete se encuentra aquí. Pero sigamos con el resumen}
Invita Menelao a los desconocidos, y ya antes de preguntarles quiénes son les narra parte de su viaje, que le llevó a recorrer las costas de Fenicia, Egipto, Etiopía y Libia. Se acuerda también de los padecimientos de Ulises. Telémaco, sin poderlo evitar, derrama una lágrima por su padre.
Pisístrato, el hijo de Néstor que acompaña a Telémaco, intenta levantar los ánimos:
-(...) Yo no gusto de lamentarme en la casa; pero, cuando apunte la Aurora, hija de la mañana, no llevaré a mal que se llore a aquel que haya muerto en cumplimiento de su destino, porque tan sólo esta honra les queda a los míseros mortales: que los suyos se corten la cabellera y surquen con lágrimas las mejillas.
Helena pone una droga en el vino, para evitar la congoja y el llanto, y cuenta una acción de Ulises: disfrazado de mendigo, entró en la ciudad de Troya; ella le reconoció, jubilosa porque deseaba regresar a casa y se arrepentía de haberse fugado con Paris. También Menelao recuerda cómo Ulises logró mantener en silencio a los aqueos escondidos dentro del caballo de madera.
Duermen los héroes en el palacio de Menelao, quien, al amanecer, visita a Telémaco. Para contestar a la pregunta de Telémaco (sobre si sabe el paradero de Ulises, o si éste ha muerto), Menelao cuenta cómo quedó detenido durante veinte días en la isla de Faro (frente a las costas egipcias), y cómo atrapó a una divinidad marina, Proteo, con ayuda de la hija de éste, Idotea. Cuenta entonces la muerte en el mar de Ayante (no sabemos cuál de los dos, pero en el canto III se nos dijo que el otro había muerto en Troya), y la de Agamenón a manos de Egisto; pero también el destino de Ulises, atrapado en la isla de Calipso, sin nave ni compañeros. Telémaco entonces decide regresar pronto a casa.
Mientras tanto, frente al palacio de Ulises, los pretendientes se divierten con el lanzamiento de discos y jabalinas. Antínoo y Eurímaco, sus líderes, descubren que Telémaco tomó una nave y marchó a Pilos. Antínoo resuelve aparejar un barco y armar una emboscada contra él, pues su presencia resulta peligrosa para ellos. De ello se entera su madre:
Apoderóse de Penélope el dolor que destruye los ánimos, y ya no pudo permanecer sentada en la silla, habiendo muchas en la casa, sino que se sentó en el umbral del labrado aposento y lamentábase de tal modo, que movía a compasión.
Atenea envía un tranquilizador mensaje a Penélope, mediante una sombra o fantasma que tiene el aspecto de su hermana Iftima.
Quedan los pretendientes emboscados, esperando a Telémaco.

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