Ilíada, canto vigesimocuarto: Rescate de Héctor

Transcurren doce días desde la muerte de Héctor, y en cada aurora Aquiles arrastra su cadáver alrededor del túmulo de Patroclo. Pero los dioses han protegido el cuerpo, que ni se pudre ni es destrozado por el maltrato. Desde el Olimpo, los dioses instigan a Hermes para robar el cadáver, pero Hera, Poseidón y Atenea, contrarios a Troya, se oponen.
-(...) A quien se le muere un ser amado, como el hermano carnal o el hijo, al fin cesa de llorar y lamentarse, porque las Parcas dieron al hombre un corazón paciente. Mas Aquiles, después que quitó al divino Héctor la dulce vida, ata el cadáver al carro y lo arrastra alrededor del túmulo de su compañero querido; y esto ni a aquel le aprovecha ni es decoroso.
Iris es enviada por Zeus para buscar a Tetis y llevarla a su presencia. Tetis es enviada luego a hablar con su hijo, para convencerle de que entregue el cuerpo a cambio de un rescate, y Aquiles acepta sin poner pegas.
Iris es enviada para avisar a Príamo, quien tras largos preparativos acude a las tiendas de los mirmidones, protegido por la presencia de Hermes (transfigurado en un joven mirmidón).
-Acuérdate de tu padre, Aquiles, semejante a los dioses, que tiene la misma edad que yo y ha llegado al funesto umbral de la vejez. Quizá los vecinos circundantes le oprimen y no hay quien le salve del infortunio y de la ruina; pero, al menos, aquel, sabiendo que tú vives, se alegra en su corazón y espera de día en día que ha de ver a su hijo, llegado de Troya.
Aquiles acepta los regalos, ordena preparar el cuerpo, y obliga a Príamo a disfrutar de la cena y el sueño en su tienda. Le ofrece también suspender la lucha para que puedan honrar convenientemente a Héctor, acordándose una tregua por doce días. Durante la noche, Hermes hace despertar a Príamo, y toman el carro para dirigirse a Troya. Se llora en la ciudad a Héctor, se construye la pira, y se entierran los restos en una urna de oro.
Así hicieron las honras de Héctor, domador de caballos.
Y así se cierra la Ilíada.

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