Simónides

Simónides nació en Yúlide, la capital de la pequeña isla de Ceos, muy sometida al influjo de Atenas. Puede calcularse que su nacimiento fue en 556 aC. Hijo de familia noble, tomó parte en las festividades musicales de su ciudad. De ellas o de su primera etapa en Atenas se conservan varios fragmentos en honor a diversos vencedores de los Juegos panhelénicos (el boxeador Glauco, Eválcides y su carro de mulas,...).
Pasó a Atenas en algún momento del período de poder de Hiparco (527-514 aC), abandonándola tras el asesinato de éste por los famosos tiranicidas.
Los Escópadas de Cranón, una de las familias aristocráticas de Tesalia, fueron sus anfitriones durante su siguiente etapa. Dos de sus trenos relacionados con ellos fueron muy famosos: uno en honor de Antíoco, hijo de Equecrátidas, y otro por los Escópadas muertos al desplomarse una sala durante un banquete.
Simónides volvió a Atenas durante los años de las Guerras Médicas, entre el 490 y el 476 aC. El poeta apoyó a los campeones griegos defensores de la libertad, con una serie de relatos y epigramas funerarios que le presentan como amigo de Temístocles y los atenienses y ensalzador de Leónidas y los lacedemonios. Compuso poemas corales celebrando las victorias de Artemision y Salamina, y venció a Esquilo en el concurso para escribir un epigrama en honor de los muertos de Maratón. Su punto de vista era más panhelénico y menos ateniense que el del trágico. La imagen inferior es una réplica (de 1955) del epitafio a los espartanos de Leónidas. Celebró incluso a Megacles (muerto en el destierro bajo la acusación de apoyo a los persas), a Calias (que había tenido diferencias con él) y a Pausanias (rey espartano no muy popular en Atenas). De este período surgen anécdotas sobre su relación con Temístocles, sus ataques contra Timocreonte y su rivalidad con Laso de Hermíone.
Luego pasó a Sicilia (a la corte siracusiana del tirano Hierón) donde murió en el 468 aC. En Siracusa coincidió con su sobrino Baquílides (con quien también rivalizó) y con Píndaro (sobre el que supuestamente ejerció magisterio).

Ve caminante y dile a los Espartanos, que aquí,
obedientes a sus leyes, yacemos
Simónides pertenece a los poetas de corte, empezando con su origen aristocrático, lo cual no disminuyó su amplitud de miras: sus palabras sobre la muerte y el destino humano en los trenos, sus elucubraciones sobre la virtud, hablan de su independencia. Entre sus ideas, se encuentra la crítica a Pítaco, afirmando, de forma moderada y muy humana, los límites de la virtud: un hombre no puede aspirar a un ideal imposible (la aretá o excelencia), sino a cierto grado de éxito y a no hacer voluntariamente nada vergonzoso. Para él, la justicia es dar a cada uno lo suyo; la virtud exige esfuerzo y es algo relativo, pero da a la larga gloria que supera las críticas de los envidiosos.
Fue un representante de un nuevo tipo humano, así como un renovador de la lírica (sobre todo del epinicio y el treno) y un recreador del epigrama funerario. Desbordó el antiguo papel del lírico coral, con epigramas, escolios y encomios que expresaban su pensar sobre temas de su actualidad. Reelaboró doctrinas tradicionales, con máximas que buscan una imagen más moderna del hombre, que tratan de sentar objetivos asequibles y romper el dominio de los valores heredados. Por otra parte, humaniza todo lo que toca; así sucede con Dánae y Perseo, transformándolo en el tema de la madre y el hijo, de la inocencia y la búsqueda del perdón, de la rebeldía contra el rancio rigor generacional. Indirectamente, por él llegamos a la democracia y al ideal del trabajo. Enlazado a la tradición religiosa, se anticipó a los sofistas y demás filósofos desarraigados de su tierra.
Inaugura un tipo de vida libre y cosmopolita, con seguridad en sí mismo y en sus logros, innovador y alejado de la austeridad. Una vida seguida más adelante por otros artistas, médicos y sofistas.

Entre sus obras descienden en importancia los himnos y la ganan los poemas que celebran no a dioses, sino a hombres. Los epinicios y trenos alcanzan una categoría artística que no tenían, y son muchos los escolios y encomios para sus huéspedes, y los poemas que llamaríamos 'de ocasión'.
Los epinicios presentan ya los rasgos fundamentales de los de Píndaro (celebración del triunfador y de su familia y ciudad, mito ilustrativo), pero eran más breves y con menor relieve de lo mítico; no se abstenían de la exageración o la broma al vencido (ambas consideradas de mal gusto) y tenían un tono más festivo. Menos arcaizante, tendrá mayor conexión con el siglo V aC, que él abre. En cuanto a los trenos, no fueron superados en toda la Antigüedad, gracias a su tono humano y sensible.
Mantiene el poema triádico, extendiendo la parte discursiva por influjo de la monodia.

De Simónides, ni siquiera conocemos la edición alejandrina, y construir una edición solvente a partir de los fragmentos conservados es casi imposible. Escribimos a continuación algunas citas.
A Glauco de Caristo, boxeador {cita considerada irrespetuosa por los antiguos}:
Ni el fuerte Pólux lanzaría sus puños contra él, ni el férreo hijo de Alcmena.
De los hombres pequeña es la fuerza, sin éxito son los propósitos y en una vida breve tienen trabajo tras trabajo; y la muerte, de la que no se puede huir, está suspendida sobre todos con igualdad: pues de ella igual parte les toca a los altos y a los bajos.
La muerte alcanza hasta al que huye del combate.
De los que en las Termópilas murieron, gloriosa es la fortuna, bello el destino, un altar es su tumba, en vez de lamentos hay recuerdos, el duelo es un elogio: y este presente funerario ni el moho ni el tiempo, que lo consume todo, lo borrará.
Este monumento funerario de hombres valientes ha ganado una gloria de Grecia que es suya ya; de ella es también Leónidas testigo, el rey de Esparta que ha dejado un gran ornamento de valor y una fama que fluye eternamente.
Burla a Píndaro {que era más joven}:
El vino nuevo no triunfa todavía del don de la viña del pasado año.

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