Aristófanes: Pluto

En 388 aC, cuatro años tras el estreno de La asamblea de las mujeres, la situación en Atenas no había mejorado sustancialmente: políticos sin ningún prestigio gobernaban la ciudad, y se estaba perdiendo la fe en los antiguos dioses de la religión tradicional. Las figuras de esos dioses ahora en crisis habían sustituido cien años antes a los dioses del panteón homérico; seguían siendo prácticamente los mismos dioses, pero eran más cercanos a los hombres, como protectores de las ciudades, en una creencia que se ha tildado de «religión patriótica».

Las divinidades oficiales eran respetadas, pero nadie se sentía protegido como persona por aquellos dioses, tan distantes ahora como antaño lo estuvieron los Olímpicos al modo homérico. Florecieron nuevas formas religiosas que prometían la salvación individual. Los cultos mistéricos y las creencias en los poderes mágicos de ciertos objetos o amuletos, con arraigo continuo entre las gentes sencillas, proliferaron extraordinariamente. Divinididades de segunda fila, pero de acción más directa y visible, ocuparon el puesto en las creencias del pueblo.

Todo ello justifica el desencanto que refleja esta obra, en la que se repite amargamente que el éxito y la riqueza sólo alcanza a los sinvergüenzas, y en la que un personaje se sorprende de la generosidad de Crémilo, el protagonista, en unos tiempos en que cada cual mira sólo por sí mismo.

La calidad de la comedia, comparada con las otras diez conservadas de su autor, es sensiblemente menor. No posee la vivacidad del diálogo, el dinamismo de la acción o la comicidad de algunas escenas de sus otras obras. Como en La asamblea de las mujeres, los personajes son todos inventados (salvo las menciones a Agirrio y Pánfilo, políticos de su época).

Éste es el resumen de la comedia:

Una conversación entre Crémilo y su esclavo, Carión, nos explica la situación: el dios de Delfos le ha dicho que para que a su hijo le vaya mejor que a él debe seguir al primero que encuentre en cuanto salga del oráculo. De ahí que vaya en pos de un viejo harapiento, que se ve forzado a identificarse como Pluto, la riqueza divinizada. Crémilo le ofrece devolverle la vista (castigo de Zeus para que no pudiera reconocer a ningún hombre justo) si le promete obrar conforme a su intención.

Convoca en su ayuda a los labradores, paradigma de los hombres de bien que ocuparán el reducido papel del coro (ni siquiera existe en esta obra la parábasis, fragmento en que el poeta se dirigía al público directamente, usando como transmisores de su mensaje al coro).

Llega Blepsidemo, amigo de Crémilo, receloso ante la buena fortuna del prójimo (como buen ateniense). Convencido por Crémilo, ambos se disponen a llevar a Pluto al templo de Asclepio, pero se topan con Penía, la pobreza divinizada, muy irritada porque cree que Crémilo desea expulsarla de Ática. Se disputa el agón (con Blepsidemo realizando el papel de bufón): Crémilo cree que será buena para todos la ausencia de Penía, pero ésta le recuerda que si todos son ricos, nadie querría trabajar para otros, y lo tendrían que hacer todos. Además, la pobreza será una excelente educadora. Pero Crémilo se mantiene firme: «no me convencerás ni aunque me convenzas» y vence la disputa. Se disponen a acudir al templo de Asclepio.

Carión, de vuelta del templo, refiere entonces la milagrosa curación de Pluto, salpicada con sus trastadas. Enseguida aparecen Crémilo y Pluto, ya recuperado. Se suceden cinco escenas episódicas: un hombre justo, de nuevo rico tras haberse arruinado por su honradez y generosidad; un sicofanta, perjudicado por la situación actual; una viejezuela rica y enamorada, a la que ha dejado su joven amante, que ahora posee dinero; el dios Hermes, quejoso porque ya nadie se acuerda de los dioses, y buscando trabajo junto a Pluto; y un sacerdote de Zeus, con parecidos problemas. Escuchados por Crémilo, todos, salvo el sicofanta, obtienen compensación.

2 comentarios:

  1. Las obras de Aristófanes que he visto comentadas están bien, pero si me permite hacerle una sugerencia... Estaría bien que añadiera más fragmentos de la propia obra y los comentara.
    Gracias.

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    1. Por supuesto que se lo permito. Es un placer, de hecho, permitirle que sugiera.

      La intención inicial de este blog fue simplemente ofrecer un epítome (es decir, un resumen) de todo el saber clásico. Aun así, en algunos lugares he podido dar mi opinión sobre una obra o un fragmento, pero únicamente de forma puntual. Argumentos algo más objetivos, basados en la comparación con otros autores (me refiero a nociones como el estilo o el uso de la lengua), pueden encontrarse en las entradas introductorias de cada autor (en el caso de Aristófanes, en el siguiente enlace: http://epitomeclasica.blogspot.com.es/2012/12/aristofanes-introduccion.html).

      Por otro lado, a pesar de esa intención original de únicamente mostrar la obra, en un futuro pretendo re-visitar todas las entradas, y ofrecer algún comentario u opinión, además de añadir referencias a obras posteriores. {Como tal vez se haya dado cuenta, intento seguir un orden cronológico que me permite enlazar con entradas sobre obras anteriores, pero es difícil revisar todo el trabajo previo si la referencia es al contrario}.

      Respecto a los fragmentos, suelo incluir solamente aquellas frases o escenas que me llamen la atención y merezcan, bajo mi humilde opinión, ser citados. Verbigracia, son numerosos los textos que añadí a las series de la Ilíada y la Odisea. No obstante, su idea de comentar fragmentos me parece interesante para mejorar esta experiencia literaria, así que la incluiré en un futuro.

      Muchas gracias por ayudarme a que este trabajo sea lo más útil posible. Un saludo.

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