Paniasis

Sobre Paniasis disponemos de algunos datos biográficos, a diferencia de otros autores épicos, quizá porque su vida transcurre ya en el siglo V aC. Nació en Halicarnaso, y por su nombre, de origen cario, se le supone descendiente de las fusiones entre los colonos griegos de su ciudad y los carios. Su padre era Poliarco, de buena familia, y era primo, o quizá sobrino, del historiador Heródoto.

Conocedor de la tradición, pero con ciertas dotes originales. El género épico, sin embargo, entraba ya en decdencia, y después de Paniasis encontramos ya más imitación que tradición. De sus obras destacan una Heraclea en nueve mil versos, repartidos en catorce libros, y unas Jónicas en dísticos elegíacos.

En su Heraclea, Paniasis narraba el infanticidio cometido por Heracles. El héroe debía acudir a purificarse a Delfos, y en ese contexto debía de aparecer el siguiente fragmento, conservado por Pausanias:
Una vez que atravesó el nevado Parnaso con sus raudos pies, alcanzó el agua inmortal de Castalia, la hija de Aqueloo.
El oráculo le dice a Heracles que para purificarse debe servir a Euristeo (que le impondrá las doce tareas). Clemente de Alejandría nos deja el siguiente fragmento, donde un personaje desconocido (la propia sacerdotisa de Delfos, o quizá Atenea) trata de consolar al héroe al citar a diversas divinidades que también se vieron obligadas a servir:
Lo sufrió Deméter y lo sufrió el glorioso Zambo de ambos pies, lo sufrió Posidón, sufrió también Apolo el del arco de plata, el servir por un año en casa de un varón mortal. Lo sufrió asimismo Ares de ardido corazón, por coacción de su padre.
Tenemos testimonios de que en la obra aparecían los doce trabajos: el león de Nemea, la hidra de Lerna (pasaje en el que Paniasis parece innovar al incluir varios personajes ayudando a Heracles), y el jabalí de Erimanto. De aquí tenemos un fragmento referido a la acogida que el centauro Folo hace a Heracles antes de la caza del animal:
Después de haber mezclado con él su gran crátera brillante de oro, tomó numerosas copas y bebió la dulce bebida.
También se trataba el viaje en busca del ganado de Gerión. Para ello, la leyenda dice que Heracles atravesó el océano en una copa de oro. En uno de los papiros de Oxirrinco aparece el siguiente fragmento, en el que un personaje (quizá Gerión) le pregunta a Heracles:
¿Cómo cruzaste la corriente de plateados vórtices del Aqueloo, a través de los húmedos caminos de Océano, el ancho río?
Parece que en la versión de Paniasis el combate contra el dragón de las Hespérides lo realiza el propio Heracles (en la tradición, era Atlante, mientras Hércules lo sustituía para sostener el mundo. Anque hay dudas de su atribución a Paniasis, un escolio a Nicandro nos deja el siguiente fragmento:
La reluciente escama destellaba. A veces se asemejaba a los brillos del esmalte azulado, a veces a los del bronce.
Estobeo y Ateneo nos dejan unos fragmentos, esta vez de cierto tamaño, que parecen proceder todos de un mismo pasaje: el banquete en el que Eurito, que había invitado a Heracles, se ve obligado a expulsarlo cuando está embriagado. Es el episodio, por tanto, anterior al saqueo de Ecalia:. Al principio, uno de los comensales (quizá Eurito, o su hijo), anima al resto a beber, pronunciando una defensa del vino:
El vino es en efecto un tesoro igual que el fuego para los que habitan sobre la tierra. Es noble, defensor de males, compañero de toda canción, pues es la parte amable de la fiesta y del regocijo, de la danza a coro y del delicioso amor.
Luego Eurito le recomienda a Heracles que no cometa excesos:
Así pues, amigo mío, puesto que conoces el límite en la dulce bebida, vete con tu legítima esposa y manda a dormir a tus camaradas, pues temo que, una vez bebida la tercera ronda de vino dulce como la miel, la Insolencia soliviante la ira en tus mientes y pongas mal fin a una excelente hospitalidad.
Después del asesinato de Ífito, el hijo de Eurito, Heracles debe ser de nuevo purificado. El poema lo enviaba ahora a servir a la reina Ónfale de Lidia, que le pide matar a una sierpe matadora de hombres. Seguían a esto varias aventuras en Asia Menor. Heracles acude a Pilo para purificarse, pero Neleo se lo niega, así que el héroe saquea la ciudad, y en esta lucha hiere a la propia Hera. Luego ataca Lacedemonia y restaura a Tindáreo, tras lo cual saquea Ecalia.

De la obra sobre las Jónicas tenemos menos datos, y de hecho no disponemos de ningún fragmento que se atribuya específicamente a esta obra. La Suda nos dice que en el poema se presentaban las historias de Codro y Neleo, así como las colonizaciones jónicas.
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Epiménides

Epiménides fue un sacerdote cretense, teólogo y escritor. Fue incluido por algunos entre los Siete Sabios, y su vida se vio pronto envuelta en leyenda: Aristóteles dijo que fue Epiménides quien purificó la ciudad después de que Cilón intentase convertirse en tirano y tanto él como sus seguidores fuesen sentenciados a muerte a pesar de refugiarse en la Acrópolis (596/593 aC o 604/601 aC, según la fuente). Aunque Platón indicó que llegó a Atenas diez años antes de las Guerras Médicas (esto sería un siglo después), quizá confunde la llegada del poeta con la llegada de un libro suyo desde Creta, justo cuando los persas amenazaban Grecia. Por tanto, la producción de Epiménides debe situarse hacia el 600 aC.

Se le atribuyen muchos títulos, de los cuales la mayoría deben ser falsos: un poema de cinco mil versos sobre el nacimiento de los Curetes y los Coribanes, junto a la Teogonía; otro de seis mil quinientos sobre la construcción de la Argo y el viaje de Jasón a la Cólquide; una obra en prosa sobre la constitución política de Creta; otra sobre Mino y Radamantis; unas Purificaciones; Oráculos; una Historia Telquínica.

Lo único que sabemos sobre una Teogonía es que Epiménides reelabora la de Hesíodo e introduce algunas modificaciones: usa un elemento gaseoso como principio universal, incorpora un huevo en lugar de la reproducción sexual y realiza algunos cambios en las genealogías de algunas divinidades menores. En este contexto debía de aparecer el siguiente fragmento, conservado por Eliano:
Pues también yo soy de la raza de Selene de hermosa cabellera, la que, violentamente estremecida, se sacudió a la fiera, el león. Pero en Nemea, estrangulándolo por causa de la soberana Hera lo domeñó la fuerza de la energía heráclea.
Respecto a una Argonáutica, tenemos algunas referencias a la obra, que indican también ligeros cambios genealógicos, pero sin alejarse de la versión hesiódica.

Como adivino, a Epiménides se le atribuían unos Oráculos. Un fragmento, transmitido por Plutarco, parece quitar importancia al ombligo del mundo, el centro de la tierra que, según la tradición, se situaba en Delfos:
Pues no existió un ombligo, centro de la tierra ni del mar. Si alguno existe, es evidente a los dioses, pero invisible a los hombres.
Diferentes autores cristianos (San Pablo, Clemente de Alejandría, San Jerónimo) nos transmiten un verso que podría ser de Epiménides o haberse transmitido como respuesta del oráculo de Delfos al anterior fragmento:
¡Cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, vientres perezosos!
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El Margites

En la Antigüedad era creencia extendida, aunque dudosa, que este poema era de Homero. También se le atribuyó, como la Batracomiomaquia, a Pigres. En cualquier caso, para nosotros resulta anónimo, y podemos suponer que fue obra de un habitante de Colofón. Por aquellos autores que lo citan, puede suponerse que su composición si situaría hacia los siglos VII-VI aC.

El contenido del poema es difícil de extraer por los fragmentos conservados. El primer escollo es su versificación, en la que se combinaban hexámetros dactílicos (propios de ls épica) con trímetros yámbicos (usado por la lírica y luego por la comedia ática). Para Aristóteles, el Margites fue fundamental para configurar la comedia, del mismo modo que los poemas homéricos lo fueron para la tragedia. También los oradores del siglo IV aC la citarán con cierta frecuencia.

Su protagonista, el Margites que da nombre a la composición, es un necio miembro de una familia rica. Su proverbial estupidez hará que se le atribuyan anécdotas que no le eran propias, y que se inserte en una larga tradición del tonto que lo hace todo al revés.

Contamos con un fragmento que debía ir muy cerca del principio del poema:
Llegó a Colofón un anciano y cantor divino, servidor de las Musas y del certero flechador Apolo, llevando en sus manos una lira de grato sonido.
Tanto Aristóteles como Clemente de Alejandría nos transmiten otro fragmento donde se nos describe al protagonista:
Los dioses no lo hicieron cavador, ni labrador, ni hábil para cosa alguna. Fracasaba en toda clase de trabajo.
Zenobio nos deja un proverbio que debía pertenecer a este poema:
Muchas cosas sabe la zorra, mas el erizo una sola, pero importante.
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Aristeas de Proconeso

De la vida de Aristeas de Proconeso cuenta Heródoto una leyenda sobre que se le dio por muerto y luego reapareció, solo para volver a desaparecer más adelante. La Suda le atribuye una Teogonía en prosa (de la que nada sabemos) y lo sitúa en la Olimpíada cincuenta (580-577 aC). Los estudiosos modernos no se ponen de acuerdo en si es una figura mítica o de si existió realmente, y mucho menos de acuerdo están en la fecha de su producción.

Del poema que nos ha dejado fragmentos, las Arismaspeas puede calcularse que es del siglo VII aC: primero porque se alude a la expulsión de los cimerios de la zona del mar de Azov (entre el 670 y el 620 aC), segundo porque este poema sería el primero en hablar de los grifos en Grecia, y se han encontrado representaciones de una grifomaquia (combates contra grifos) de factura griega datadas en el segundo cuarto del siglo VI aC, y tercero porque el poema es conocido por Alcmán (que es del siglo VII aC).

En cualquier caso, el poema tuvo cierto éxito entre líricos y trágicos, y circuló durante el siglo V aC. Luego desapareció, conservado solo como citas (algunas falsas) en resúmenes en prosa. Heródoto parece resumirlo: Aristeas alcanzó el país de los isedones, en el norte, y allí escuchó historias de los arimaspos (hombres de un solo ojo), los grifos que guardan oro y los hiperbóreos. Es posible que describiera las costumbres de estos pueblos, y quizá el propio Heródoto tome de este poema las descripciones de los pueblos.

Tzetzes nos deja un fragmento del poema. Así describe a los arimaspos que dan nombre a la composición:
Un solo ojo tiene cada uno en su graciosa frente, frondosos son sus cabellos, los más robustos de todos los hombres.
Longino, en De lo sublime, nos transmite otro fragmento, aunque quizá sea espurio. El autor habla de un pueblo que sufre la vida del mar, aunque no sabemos quién lo dice ni sobre quiénes:
Admirable cosa esta para nosotros, cosa grande para nuestras mentes. Unos hombres viven en el agua, lejos de tierra, en alta mar. Son desdichados, pues sufren terribles trabajos. Sus ojos, en las estrellas, pero su vida la tienen en el mar. Sin duda que muchas veces, tendiendo sus manos a los dioses, les suplican, on sus entrañas penosamente agitadas.
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La Miníada

Todos los testimonios y fragmentos conservados de este poema aluden a escenas en el Hades, aunque se ignora si toda la narración tenía lugar allí o es casualidad que haya llegado así hasta nosotros. Tampoco se sabe con certeza a qué alude el título: Miníada sería «el poema de los minias», es decir, de los habitantes de Orcómeno, pero no sabemos si el poema trataba de la derrota que los orcomenios infligieron a Heracles o de otra leyenda.

También ignoramos la fecha de composición y el nombre de su autor. Pausanias muestra dudas de que sea Pródico de Focea, mientras algún estudioso ha conjeturado que podría ser Quersias, pero solo porque era de Orcómeno. Dado que algunas pinturas de Polignoto se basaron en la Miníada, el poema debe ser anterior al siglo V aC. Por los rasgos lingüísticos, no puede ser muy anterior.

En los testimonios conservados, un papel fundamental lo ocupa Teseo, héroe ático y protagonista de un descenso a los infiernos en el que iba acompañado de Pirítoo, el rey de los lápitas.

Un primer fragmento, conservado por Pausanias al hablar de una pintura de Polignoto, nos habla del inicio de su recorrido:
No obstante, la barca en la que embarcan muertos que llevaba el anciano barquero Caronte no la hallaron allí, dentro del puerto.
Luego el poema presentaría la multitud de personajes con los que la pareja se va encontrando: Anfión, Támiris, Orión, Meleagro...

En el encuentro con este último se produce una conversación que nos llega en un papiro (aunque quizá no pertenezca a la Miníada, sino a una obra de Hesíodo sobre el tema). El fragmento es largo y está mutilado por el estado del papiro. Meleagro cuenta su muerte y pregunta por qué motivo están allí Teseo y Pirítoo. Teseo le cuenta que Pirítoo pretende sacar del Hades a Perséfone, su hermana, para casarse con ella:
Así también intenta pretender una boda entre los bienaventurados con su propia hermana de madre y del mismo padre. (pues dice) que él mismo, por nacimiento, es pariente más próximo de Perséfone, la hija de Deméter, de hermosa cabellera, que el gran Hades. Asegura en efecto que es hermano de madre y del mismo padre (que ella,) y que en cambio Hades es su tío paterno. Esa es la razón por la que dijo que bajaría a la nebulosa tiniebla.
Meleagro se aterra e intenta disuadirlos, recordándole a Pirítoo que ya está casado.

Desconocemos el final del poema, aunque Polignoto pintó que tanto Teseo como Pirítoo quedaron sentados en tronos de los que no podían levantarse. Es seguro que al menos Teseo escapó de allí.

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Pisandro de Camiro

Nota: existe un mitógrafo helenístico del mismo nombre, así como otro Pisandro, también épico, del siglo III aC.

La fecha de producción del poeta Pisandro puede realizarse solo de forma muy indirecta: dado que Rodas (donde se encuentra Camiro, la patria del poeta) explora el Mediterráneo oriental a mediados del siglo VII aC, es ahí donde muchos estudiosos sitúan la producción de la Heraclea, como trasunto de ese interés colonizador.

La Suda indica que Pisandro escribió una obra sobre los trabajos de Heracles en dos libros, además de otros poemas que se le atribuyeron de forma errónea. Dice allí que «fue el primero que le confirió la clava a Heracles», ejemplo del afán innovador de este poeta, que se siente libre para transformar los detalles de la leyenda. Algunos de ellos quedaron dentro del canon, pues por ejemplo Teócrito nos informa de que «dijo cuántos trabajos llevó a cabo Heracles».

Por todos estos datos podemos suponer con bastante seguridad que la Heraclea de Pisandro trataba los famosos doce trabajos. Por los testimonios que nos llegan sabemos que trataba del león de Nemea (golpearlo con una clava y usar su piel después de matarlo parece que fueron innovaciones de Pisandro), la hidra de Lerna (según Pausanias, es posible que en las versiones anteriores a la de Pisandro el monstruo solo tenía una cabeza), la cierva de Cerinea, los pájaros de Estínfalo (que Pisandro convirtió en devoradores de personas, e hizo a Heracles expulsarlas con el sonido de unos crótalos –en lugar de matarlas–), el robo del ganado de Gerioneo, la búsqueda de las manzanas de oro en el Jardín de las Hespérides y, seguramente, el jabalí de Erimanto.

Para confirmar esta última aparición debemos basarnos en el siguiente verso (convertido en un proverbio, a decir de Hesiquio), en el que aparecen los centauros (que intervienen al inicio de esa leyenda):
No hay sentido común entre los Centauros.
No tenemos testimonios sobre el resto de trabajos (la limpieza de los establos de Augías, la captura del toro de Creta, así como de Cerbero, la búsqueda de los caballos de Diomedes y la consecución del cinturón de Hipólita, reina de las amazonas).

Además de los doce trabajos, debían tratarse otras leyendas sobre Heracles, como su campaña contra Troya o sus aventuras en occidente. Por ejemplo, quizá trataba el tema de los Cércopes, cuando escribe los siguientes versos, conservados por un escolio a Aristófanes:
En las Termópilas, la diosa de ojos de lechuza, Atenea, hizo brotar para él aguas termales, junto al cantil de la mar.
Desconocemos el contexto del siguiente verso, conservado por Estobeo:
No debe provocar indignación el decir incluso una mentira para salvar la vida.
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La Toma de Ecalia

De este poema relacionado con Heracles se dijo en la Antigüedad que era de Homero o de Creófilo de Samos (su supuesto yerno). Como merece esta atribución semimítica, existían también leyendas sobre si la obra era de uno pero la había cedido al otro, o si era del otro y se le había atribuido al uno.

Tampoco sabemos mucho de su fecha de composición, salvo por una tradición que habla de una visita de Licurgo a Samos para recibir el poema de los descendientes de Creófilo. Eso lo situaría en el siglo VII aC.

La historia que narra el poema se centra en Eurito, rey de Ecalia que, como hábil arquero, ofreció la mano de su hija Yola como premio para quien lograra vencerlo en una competición de tiro. Cuando Heracles lo vence, Eurito no cumple su promesa, así que el héroe squea Ecaria, mata a Eurito y se lleva a Yola.

Contamos con un verso en el que Heracles se dirige a Yola, aunque desconocemos el contexto:
–Mujer, tú misma lo estás viendo con tus ojos.
Y luego contamos con otro verso aún más misterioso (y dudoso) que nos transmite un escolio a Sófocles:
La soberana Antíoca, hija del antiguo Naubólida
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Los Cércopes

De los seis versos que nos han llegado  sobre los Cércopes (unas criaturas humanas, con cola –«kérkos» es «cola» en griego–, que según Heródoto vivían cerca de las Termópilas), tres de ellos se atribuyen a Diotimo, y de los otros no conocemos el autor. Como Diotimo es un autor de epigramas del siglo III aC, se cree que habría más de una obra sobre esta leyenda.

De hecho, también en las representaciones sobre cerámicas existen detalles diferentes sobre estos hermanos, cuyos nombres y destinos varían entre versiones.

La Suda es la obra donde aparecen los fragmentos conservados. Los de carácter más antiguo dicen así:
Mentirosos, embaucadores que permitieron acciones irremediables, engañadores, que caminando por muchas tierras engañan a los hombres, errantes como son por siempre.
Mientras que los atribuidos a Diotimo son los siguientes:
Los Cércopes, que, hollando los cruces de tres caminos de los beocios hacían mucho daño.
Eran de Ecalia por su raza; Olo y Euríbato, dos varones malaventurados.

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Hegesínoo

Muy poco conocemos de Hegesínoo, salvo el nombre de un poema que nombra Pausanias. Este Atis debía versar sobre cuestiones áticas («atis» es el antiguo adjetivo «ático»). Sin embargo, el fragmento conservado se refiere a una leyenda beocia.

El poema se había perdido ya en tiempos de Pausanias, pero este copia los siguientes versos de Calipo de Corinto, quien los había citado en su historia de los orcomenios:
Y con Ascra se acostó a su vez Posidón, el que conmueve la tierra. Ella le parió un hijo, con el transcurso de las estaciones: Eoclo, que fue el primero que con los hijos de Aloeo fundó Ascra, la que se asienta al pie del Helicón, pródigo en veneros.

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Quersias

No conocemos casi nada de este Quersias, a quien Plutarco situaba en el siglo IV aC. Solo conservamos un fragmento suyo gracias a Pausanias. Nos dice en su testimonio que era natural de Orcómeno, y que sus conciudadanos mencionaban un epigrama suyo sobre la tumba de Hesíodo. Del poema no quedaba recuerdo en época de Pausanias, pero puede copiar los siguientes versos gracias a una cita de Calipo de Corinto:
De Posidón y de la gloriosa Midea nació un hijo, Aspledón, en la espaciosa ciudad.

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Cinetón

Cinetón de Esparta, también llamado de Lacedemonia, es un poeta al que se le atribuyen diversas obras (una Edipodia, una Pequeña Ilíada, una Heraclea y una Telegonía). Solo se han conservado referencias a unas genealogías, cuyo título desconocemos. Es posible que esa Telegonía que se le atribuye fuera un error por Genealogía. Su producción no puede fecharse con fiabilidad, pero se acepta que es del siglo VI aC.

Salvo un escolio a la Ilíada, los testimonios conservados son todos de Pausanias, y no incluyen ninguna cita. Tampoco podemos hacernos una idea de una posible línea argumental, pues las referencias se limitan a hablar de los parentescos entre tal o cual héroe, aunque es interesante para reflejar las diferentes versiones de los mismos mitos.

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Naupactias

El título de este poema alude a la población de Naupacto, en Lócride, que sería donde eran recitados sus versos. Esta ciudad estuvo muy implicada en las colonizaciones, tema tratado en la composición. No conocemos a su autor (quizá Cárcino de Naupacto, famoso autor local) y sobre su fecha solo puede decirse que es anterior al siglo V aC (pues tanto el logógrafo Caronte de Lámpsaco como Ferécides, autor de mitología en prosa, conocen el poema, y ambos son de ese siglo).

Dado que Pausanias lo llamó «poema sobre mujeres», es posible que se tratara de una genealogía sobre línea femenina, al estilo del Catálogo de Hesíodo.

Sin embargo, la mayoría de testimonios están relacionados con el viaje de la Argo, pues proceden de escolios a las Argonáuticas de Apolonio de Rodas (y generalmente tratan de las diferencias entre esta obra y su fuente):
Fue entonces cuando le suscitó a Eetes la divina Afrodita el deseo de unirse en amor con su propia esposa Eurílita, pues le preocupaba en su fuero interno cómo regresaría Jasón tras la empresa a su patria con sus camaradas, combatientes cuerpo a cuerpo.
Existen algunos fragmentos que son difíciles de ubicar, como el siguiente:
Pero él, en la orilla de la mar de anchos caminos, habitaba sus moradas, sobrado de corderos, sobrado de vacas.
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Eumelo de Corinto

Eumelo de Corinto fue un poeta  del siglo VIII aC, miembro de la familia de los Baquíadas, que gobernaron en Corinto durante dos siglos –hasta que fueron derrocados por Cípselo en 657 aC–. Como poeta, Eumelo trata de codificar una mitología local –o de inventarla– con el fin de aumentar la gloria de su patria (una ciudad por entonces en auge, pero que casi no era mencionada en los poemas homéricos).

A Eumelo se le atribuyen tanto la Titanomaquia como los Regresos, además de un poema llamado Corintíacas y una Europia, un Himno procesional a Delos y una Bugonía.

Las Corintíacas tratan del origen de la ciudad de Corinto. Se trata de un poema organizado como una genealogía, comenzando por Éfira, hija de Océano, a la que hace vivir primeramente en Corinto, y a la qu ecasa con Epimeteo (el hermano de Prometeo y relacionado, por tanto, con la creación de los primeros humanos). En un escolio a Píndaro se conserva un fragmento donde se presenta parte de una genealgía que lleva desde Hiperión hasta Corinto.

Una rama de ese linaje termina en Medea, la famosa bruja desposada por Jasón, y un personaje revisitado continuamente por la Angitüedad (quizá procediera de una divinidad ctónica, transformada en maga rejuvenecedora por su asociación con Hécate, y finalmente figura trágica, despreciada y vengativa). La genealogía continúa (ya en otro testimonio) con Sísifo, a quien Medea ha entregado el reino al ser arruinados sus intentos de hacer inmortales a sus hijos.

Mediante la nieta de Sísifo, Leda, el poema enlaza con la genealogía lacedemonia, de ahí que nuevas referencias a la obra traten de Menelao de Esparta. Otros testimonios también se refieren a la saga de los Argonautas, tema anterior a la Odisea.

Un fragmento de cinco versos de Apolonio de Rodas, que según el escolio están tomados de Eumelo, tratan de la siembra de los dientes del dragón, motivo tomado del mito de Cadmo y los orígenes de Tebas:
Y ya por la tierra toda brotaban como espigas los terrígenas. Se erizó en torno suyo de pesados escudos, lanzas dobles y yelmos resplandecientes el recinto de Ares, devastador de mortales. Llegaba el brillo refulgente desde abajo hasta el Olimpo, a través del aire.
La atribución a Eumelo de la Europia se fundamenta solo en uno de los tres fragmentos (inseguros) que se conservan de la obra. El poema entroncaría también con la leyenda tebana: Cadmo era pariente de Europa, que fue raptada por Zeus en forma de toro; en su búsqueda, Cadmo pasa por Tebas y Delfos. Allí construyó un templo en honor a Apolo, supuestamente con un pilar para representar a la divinidad. Clemente de Alejandría nos deja el siguiente fragmento:
Para que le conlguemos al dios el diezmo y el botín de las sacras construcciones del alto pilar.
La única alusión a un Himno procesional a Delos nos deja un fragmento dudoso: contiene rasgos del eólico que no se dan en la épica, y la métrica de los versos lo hacen más propio de un canto coral. Se trataría de una composición para el festival de Zeus en Itome:
Pues al dios de Itome le era deseable la Musa que, pura, tiene libres las sandalias.

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La Danaida

No existen referencias antiguas a este poema, así que es imposible de datar. De hecho, ni siquiera su título se libra de la incertidumbre, pues bien pudiera ser Danaida (es decir, la epopeya de Dánao), o quizá Danaides (sobre las cincuenta hijas de Dánao, como la tragedia perdida de Esquilo).

El poema quizá narrara la huida de Dánao (por consejo de Atenea) para escapar de los cincuenta hijos de su hermano Egipto, y su llegada a Argos, donde acabaría por ser rey. Quizá también contuviera un catálogo de las hijas (casadas finalmente con sus primos, los hijos de Egipto, a los que mataron en las nupcias –salvo Hipermestra, pues Linceo, su marido, había respetado su virginidad–) y sus descendientes.

Quizá de la huida de Egipto trate el fragmento conservado por Clemente de Alejandría:
Y entonces se armaban velozmente las hijas de Dánao frente al río de hermosa corriente, el Nilo soberano.
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La Forónida

 Dado que ninguna de las referencias con las que contamos nos informa sobre su autor, bien podría pensarse que este era un poema anónimo ya en la antigüedad. Sobre su fecha de composición, lo único que podemos saber es que Acusilao de Argos (compilador de genealogías de finales del VI aC y comienzos del V aC) utiliza la Forónida como fuente, por lo que dicho poema sería como muy tarde de finales del VI aC.

El poema trataba de los orígenes de la Argólide, relacionados con Foroneo, un personaje mítico, quizá derivado de un héroe local de Tirinte y considerado el primer hombre. Así nos lo indica Clemente de Alejandría, cuando nos trasmite parte de un verso, al decir que Foroneo es «el padre de los hombres mortales». A Foroneo, según el autor que uno lea, se le atribuye haber reunido a los hombres en una ciudad (Pausanias), ser el primero en levantar un altar a Hera (Higino), dominar el fuego (tradición de los argivos) o ser el primero en establecer un tribunal (en un papiro de Oxirrinco).

En el poema, esta motivación precursora se repite varias veces. Esto puede entenderse por un interés en el "principio de las cosas", como hacía también la naciente filosofía, y/o por un interés triunfalista, con fines propagandísticos, por parte de los argivos.

Quizá el dominio del fuego provocara la aparición de los Dáctilos del Ida, forjadores también míticos. Así, un escolio a Apolonio de Rodas nos deja el siguiente fragmento:
(...) donde tenían sus moradas los hechiceros del Ida, los montaraces varones frigios, Celmis, el gran Damnamaneo y Acmón, el de fuerza fuera de los común, diestros servidores de la montañesa Adrastea, que fueron los primeros en descubrir el oficio del muy habilidoso Hefesto en las hondonadas de los montes: el violáceo hierro. Lo pusieron al fuego y dieron muestras de su conspicua tarea.
Clemente de Alejandría nos deja una cita relacionada con el culto a Hera:
Calítoe, custodia de la reina olímpica, la argiva Hera, que fue la primera que adornó con diademas y borlas el alto pilar de la soberana.
El léxico bizantino Etymologicum Magnum contiene otra pequeña cita a propósito de un epíteto de Hermes, Eriunio (que quizá significara "buen corredor"):
A Hermes su padre lo llamó Eriunio, pues a todos los dioses bienaventurados y a todos los hombres mortales los supera en astucias y en hábiles hurtos.
Por último, en un papiro de Oxirrinco aparece un comentario sobre los epítetos de Atenea:
Pues ni siquiera la de larga arma, la que suscita el combate, resistirá a los jóvenes reunidos.
Es posible que más allá de lo que conocemos, el poema continuara con una genealogía de los descendientes de Foroneo, probablemente llegando a Argos. Según Apolodoro, Foroneo tendría como hijos de la ninfa Telédice a Apis y a Níobe, y de esta Zeus tendría a Argos y a Pelasgo.

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La Focaida

No sabemos si existió de verdad un poema con ese nombre, pues la única referencia que nos queda es del pseudo-Heródoto, y refiere más que nada una leyenda, asignando la obra al propio Homero.

Varios estudiosos creen que se trataría en realidad de otro título para la Miníada, cuyo autor quizá fuera focense. Sin embargo, algún otro ha aventurado que fuera un poema escrito para celebrar los orígenes de Focea.

Sobre la fundación de esta ciudad existen relatos antiguos con influencia mítica, escritos por Nicolás Damasceno y por Caronte de Lámpsaco, que quizá se apoyaban en este poema.

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La Telegonía y la Tesprócida

Si seguimos a Proclo, como hasta ahora hemos hecho con los poemas del Ciclo, solo la Telegonía es parte de este. Sin embargo, se considera que la Tesprócida es una de sus principales fuentes, hasta tal punto que no sabemos si los testimonios se refieren a una o a otra. De hecho, Clemente de Alejandría llega a acusar de plagio al autor de la Telegonía.

Este sería Eugamón de Cirene, que Eusebio sitúa en torno a la Olimpíada 53 (566-563 aC). Esto situaría la composición de la obra a mediados del siglo VI aC, siendo la última del Ciclo. Esto podría explicar la tendencia a las innovaciones excéntricas aportadas a la narración (las bodas múltiples del final, la muerte de Ulises por una lanza cuya punta era la espina de una raya), signo típico de un género en decadencia que apunta ya a la novelística en prosa.

La Tesprócida, por su parte, ha sido atribuida al mítico Museo, lo cual nos aporta poco. Del poema solo contamos con una alusión de Pausanias, cuando al referirse a la tumba de Penélope indica que cuando Ulises regresó de Troya tuvo un hijo suyo, llamado Ptoliportes. Proclo lo llama «Polípetes» en su resumen, pero este es otro héroe diferente.

El resumen realizado por Proclo de la Telegonía queda como sigue:
Después de esto viene la Odisea de Homero. Luego los dos libros de la Telegonía de Eugamón de Cirene, cuyo contenido es el siguiente:
Los pretendientes son sepultados por sus allegados.
Ulises, tras celebrar un sacrificio en honor de las Ninfas, zarpa hacia Élide para visitar sus boyadas. Es hospedado en casa de Polixeno y recibe como regalo una crátera. Sobre ella están representadas las historias de Trofonio, Agamedes y Augías.
Luego, tras regresar por mar a Ítaca, celebra los sacrificios prescritos por Tiresias.
Después de eso llega al país de los tesprotos y desposa a Calídica, la reina de los tesprotos.
Luego se inicia una guerra entre los tesprotos, al mando de Ulises, y los brigos. Entonces Ares pone en fuga a los de Ulises y Atenea le presenta batalla. Apolo los separa.
A la muerte de Calídica, la realeza la hereda Polípetes, hijo de Ulises, así que él regresa a Ítaca.
En eso, Telégono, que se ha embarcado en busca de su padre, desembarca en Ítaca y saquea la isla. Al tratar de defenderla, Ulises muere a manos de su hijo por error.
Telégono, al darse cuenta de su equivocación lleva el cuerpo de su padre con Telémaco y Penélope, a su madre [es decir, con Circe]. Ella los vuelve inmortales. Telégono se desposa con Penélope y Telémaco, con Circe.
La única cita literal que tenemos del poema, dejada por Ateneo, habla de la voracidad de Ulises en su vejez:
(...) tomaba vorazmente inmensos trozos de carne y dulce vino.
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Los Regresos

La obra narra los complicados viajes de regreso de los principales héroes de la guerra de Troya. Dado que no habla de Ulises, debemos entender que la Odisea ya estaba escrita. Por tanto, el poema es posterior a mediados del siglo VIII aC. Además, Proclo indica que se menciona Maronea, la ciudad fundada por colonos de Quíos en la primera mitad del siglo VII aC. Esto llevaría a una fecha posterior al 650 aC.

Proclo atribuye este poema a un tal Agías de Trezén, del que nada sabemos. Los referencias antiguas nada dicen del tema, salvo Pausanias y Clemente de Alejandría, que coinciden con Proclo (aunque llaman al poeta Hegias y Augías, respectivamente). Eustacio dice que su autor fue un colofonio, lo que cuadraría con la importancia de Colofón en estas leyendas.

El autor de Vida de Hipócrates Bruselense dice que el poema lo escribió Antímaco, pero la referencia de Clemente de Alejandría parece querer decir que el tal Agías copió un verso de Antímaco, lo que podría indicar que hubo dos poemas del mismo tema.

Por otro lado, Ateneo habla de una obra llamada Regreso de los Atridas, que tendría al menos tres libros. No se sabe si es la misma obra, con el título cambiado, o si era otro poema diferente.

Esto nos deja con la posibilidad de que las referencias y citas conservadas pertenezcan a obras variadas sobre el mismo tema. Pero la Suda indica que los muchos que han narrado el regreso, y los poetas que han cantado los regresos, siguen a Homero en la medida en que son capaces de ello. Podríamos entender, por tanto, que no habría diferencias de importancia entre las diferentes versiones.

Este es el resumen de Proclo:
Vienen a continuación de estos los cinco libros de los Regresos de Agías de Trezén, cuyo contenido es el siguiente:
Atenea mueve a disputa a Agamenón y Menelao con motivo de la partida de las naves. Así que Agamenón aguarda para aplacar la cólera de Atenea.
Diomedes y Néstor, que se hacen a la mar en dirección a sus hogares, llegan sanos y salvos.
Menelao, que zarpa tras ellos, llega a Egipto con cinco naves, perdidas las demás naves en el mar.
Los hombres de Calcante, Leonteo y Polipetes, que se ponen en marcha a pie hasta Colofón, sepultan a Tiresias, que había muerto allí.
Al zarpar los de Agamenón, el fantasma de Aquiles se les aparece e intenta impedírselo, prediciéndoles lo que va a ocurrirles.
Luego se describe la tempestad en torno a las Rocas Caférides y la muerte de Áyax Locrio.
Neoptólemo, a instancias de Tetis, emprende la marcha a pie. Llegado a Tracia encuentra a Ulises en Maronea. Completa el resto de la jornada y a la muerte de Fénix lo sepulta. Llegado él mismo junto a los molosos, es reconocido por Peleo.
Luego, una vez asesinado Agamenón por Egisto y Clitemestra, viene el castigo por Orestes y Pílades, y el retorno de Menelao a su patria.
Por las referencias encontradas, es probable que en los Regresos se incluyera una visita al Hades, como sucedía en la Odisea. No podemos saber en qué momento ni por qué motivo. En el léxico bizantino llamado Etymologicum Magnum (hacia el 1150) aparece la siguiente cita:
Por largo tiempo sufrían allí padecimientos entre los espantosos muertos.
En ese contexto, igual que en la Odisea, se nombra a varias heroínas. Quizá pertenezca a una de ellas la alusión contenida en la cita conservada por CLemente de Alejandría:
Pues los regalos seducen la mente de los hombres y sus acciones.
Pudiera ser que en ese catálogo de heroínas apareciese Medea, que no es recordada por Homero. un escolio a Aristófanes (Los caballeros) y el argumento asociado a la Medea de Eurípides, nos dejan la misma cita:
Enseguida convirtió a Esón en un amable muchacho en la flor de la juventud, tras quitarle la vejez con sus sabios conocimientos, después de haber cocido muchos tósigos en calderos de oro.
Por su parte, la cita de Ateneo quizá estaba relacionada con el episodio de la muerte de Agamenón y la matanza de sus aliados:
Hermioneo, persiguiendo a Iso con sus rápidos pies, lo hirió en los músculos lumbares con su lanza.

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El Saco de Troya

La mayoría de fuentes antiguas, incluyendo la Crestomatía de Proclo, atribuyen este poema a Arctino (el mismo que la Tabula Borgiana hacía autor de la Titanomaquia y que la Tabula Iliaca hacía autor de la Etiópida). Si fuera esto cierto, su composición sería de finales del siglo VIII aC.

El resumen de Proclo sobre este poema queda como sigue:
A esto suceden los dos libros del Saco de Troya de Arctino de Mileto, cuyo contenido es el siguiente:
Los troyanos, recelosos por el asunto del caballo, en círculo a su alrededor discuten qué debe hacerse. Unos opinan que se le despeñe, otro, que se le queme. Otros aseguran que, como objeto sagrado, deben ofrecérselo a Atenea. Al fin prevalece la opinión de estos.
Entregados a la alegría, se banquetean, en la idea de que se han librado de la guerra.
En ese mismo momento aparecen dos serpientes que matan a Laocoonte y a uno de sus hijos.
Desazonados por el prodigio, los compañeros de Eneas se retiran al Ida.
Sinón, que antes se había introducido subrepticiamente en la ciudad, levanta las antorchas para hacer señales a los aqueos.
Los que llegan por mar de Ténedos y los del caballo de madera atacan a los enemigos y tras dar muerte a muchos toman la ciudad al asalto.
Neoptólemo mata a Príamo, que se había acogido al altar de Zeus Herceo.
Menelao, una vez que encuentra a Helena se la lleva a las naves después de matar a Deífobo.
A Casandra la arrastra por la fuerza Áyax, hijo de Ileo, que se lleva a la vez la imagen de madera de Atenea. Irritados por ello, los griegos deciden lapidar a Áyax, pero él se acoge al altar de Atenea y se salva así del peligro que lo amenazaba.
Luego los griegos zarpan y Atenea maquina su perdición en el mar.
Después de que Ulises mata a Astianacte, Neoptólemo toma como recompensa a Andrómaca y reparten el resto del botín.
Demofonte y Acamante descubren a Etra y se la llevan consigo.
Luego, tras incendiar la ciudad, degüellan a Polixena sobre la tumba de Aquiles.
En este poema debía tomar gran importancia el robo del Paladión, episodio que difería del presentado en la Pequeña Ilíada, pues allí se habla de dos Paladiones y, según Dionisio de Halicarnaso (en Arqueología Romana), Arctino escribió que solo existía uno, y que los aqueos se hicieron solo con una copia.

Se trataría luego el tema del famoso caballo de Troya. Por un resumen del Epítome (de pseudo-Apolodoro), se cree que el poema de Arctino nombraba a Casandra (la profetisa a la que nadie creía), además de a Laocoonte, advirtiendo sobre el peligro del caballo. Aparece aquí una nueva diferencia con el poema de Lesques, pues Eneas se aleja de la ciudad al ver que las serpientes devoran a Laocoonte, mientras que en la Pequeña Ilíada era hecho prisionero por Neoptólemo.

Otra pequeña divergencia aparece con el personaje de Sinón, que aquí cobra una importancia secundaria, y es capaz de introducirse en la ciudad y hacer la señal a las naves desde la ciudadela (y no desde la tumba de Aquiles). También la muerte de Astianacte es diferente, pues esta vez muere arrojado de la torre por Ulises, a petición de los griegos.

El sacrilegio contra Atenea cometido por Áyax Oileo es una de las versiones de este hecho. En otras narraciones el acto impío era violar a Casandra ante la imagen de la diosa. Esta historia se mantuvo en el tiempo, y en época histórica, las familias nobles de Lócrida (la patria del personaje) enviaban a sus hijas para servir a Atenea en Troya.

Tenemos un pequeño escolio a Eurípides para explicar que Agamenón, además de devolver a los teseidas a Etra, madre de Teseo, les ofreció otros regalos:
A los Teseidas les concedió obsequios el poderoso Agamenón, así como al ardido Menesteo, pastor de pueblos.
Otro breve fragmento, del gramático Diomedes, quiere hacer ver que Arctino creó el metro yámbico, al derivarse de un personaje llamado Yambo. Es imposible ubicarlo dentro de la narración del poema:
Yambo permaneció un momento a horcajadas con un pie por delante del otro, mientras sus miembros en tensión se robustecian y tomaban un vigoroso aspecto.
Por último, un fragmento algo más extenso nos deja un escolio de la Ilíada. En él se trata de la comparación entre los médicos Macaón y Polidario:
Pues su propio padre, el famoso Sacudidor de la tierra, les concedió dones a ambos, pero a uno lo hizo más glorioso que a otro.
Al uno lo dotó de manos más ligeras, para sacar dardos de la carne, para cortarlos y para sanar las heridas todas. Al otro en cambio le puso en el pecho todo el esmero para reconocer lo oculto y para curar lo incurable. Él fue el primero que reconoció los ojos brillantes y la mente aturdida de Áyax cuando enloqueció.

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La Pequeña Ilíada

El autor de este poema es, según muchos de los testimonios conservados, es Lesques de Pirra (o de Mitilene, según Proclo; en cualquier caso, en Lesbos). Según Clemente de Alejandría, este Lesques venció a Arctino, que sería mayor que él, en la decimoctava Olimpíada (708 aC). Plutarco, en el siglo I dC, cita un poema biográfico sobre Homero escrito tambien por Lesques

En este poema tienen mayor peso los episodios novelescos (y también burlescos), frente a la épica de otras composiciones. A veces busca la originalidad, lo que le lleva a complicar los temas en exceso.

La Crestomatía de Proclo realiza el siguiente resumen de la Pequeña Ilíada:
A continuación están los cuatro libros de la Pequeña Ilíada de Lesques de Mitilene, cuyo contenido es el siguiente:
Tiene lugar el juicio de las armas y Ulises las consigue, según la voluntad de Atenea. Áyax, que se vuelve loco, destroza el botín de los aqueos [un rebaño de corderos] y se da muerte a sí mismo.
Después de esto, Ulises tiende una emboscada a Héleno [uno de los hijos de Príamo] y lo captura. Al vaticinar este acerca de la ciudad, Diomedes trae a Filoctetes desde Lemnos. Curado este por Macaón, mata a Alejandro en combate singular. El cadáver, ultrajado por Menelao, logran llevárselo los troyanos y lo entierran.
Después de eso, Deífobo desposa a Helena.
Ulises se trae a Neoptólemo de Esciros y le da las armas de su padre. Aquiles se les aparece.
Eurípilo, hijo de Télefo, llega en auxilio de los troyanos. Aunque destaca en la batalla, lo mata Neóptolemo.
Los troyanos sufren el asedio.
Epeo, de acuerdo con el plan de Atenea, construye el caballo de madera.
Ulises, tras haberse desfigurado, se presenta en Troya como espía y, reconocido por Helena, planea con ella la captura de la ciudad. Tras matar a algunos troyanos, regresa a las naves
Después de eso, con la ayuda de Diomedes, se lleva de Troya el Paladión.
Luego, una vez que han hecho entrar a los mejores en el caballo de madera y han quemado las tiendas, los demás griegos se retiran de Ténedos.
Los troyanos, pensando que se han librado de sus males, acogen en la ciudad en caballo de madera, tras abrir una brecha en el muro, y se banquetean, en la idea de que han vencido a los griegos.
Proclo no avanza más en su resumen, pero sabemos por la Tabula Iliaca, por la descripción que Pausanias hace de una pintura sobre este tema (descripción que incluye muchas referencias al poema de Lesques) y por una opinión de Aristóteles en Poética, que la Pequeña Ilíada continuaba más allá y se solapaba con el Saco de Troya.

Tenemos la suerte de que se nos han conservado los primeros versos del poema gracias a la Vida de Homero (de pseudo-Heródoto):
Canto a Troya y a la tierra Dardania, pródiga en potros, en torno a la cual mucho sufrieron los dánaos, servidores de Ares.
Un escolio a Aristófanes (en Los caballeros) nos habla del juicio entre Ulises y Áyax por las armas de Aquiles. En esta versión, algunos aqueos se acercan a las murallas para espiar lo que puedan sobre el valor de los héroes. Dos muchachas discuten:
–Pues Áyax levantó y sacó del combate al héroe Pelida, y el divino Ulises no quería.
–¿Cómo proclamaste eso? ¿Cómo dijiste una mentira sin decoro?
Un escolio a la Ilíada describe la llegada de Aquiles a Esciro, donde casará con Deidamía (hija del rey), de quien nacerá Neoptólemo.
Al Pelida Aquiles la tempestad lo llevó a Esciros, a cuyo penoso puerto llegó aquella noche.
A Neoptólemo le entregará Ulises las armas de su padre, Aquiles. Otro escolio a la Ilíada , confirmado por un escolio a la Nemea VI de Píndaro, habla de la dificultad de manejar su lanza debido a su doble punta:
En torno de esta reluce una anilla de oro, y sobre ella, la punta ahorquillada.
Otro fragmento, procedente por partida doble de escolios a Eurípides (en Las troyanas y Orestes) describe el regalo que Príamo le hizo a Astíoca, madre de Télefo, por acceder a que este acudiera a la guerra:
La vid que el Crónida le regaló como compensación por su hijo, empenachada de suaves hojas de oro y racimos, que Hefesto, una vez que la trabajó con esmero, había regalado al padre Zeus. Pero él la entregó a Laomedonte a cambio de Ganimedes.
Cinco versos describen como Ulises evita que Anticlo conteste (a Helena, que se encuentra en el exterior del famoso caballo de Troya, y llama a los argivos imitando la voz de sus mujeres). Al parecer, estos versos pasaron a formar parte de la Odisea en algún momento, pero ya los editores griegos los extirparon, al darse cuenta que Anticlo no es nombrado nunca por Homero.
Entonces todos los demás hijos de los aqueos estaban en silencio, pero Anticlo era el único que quería responderte con palabras. Pero Ulises le orpimió fuerte las mandíbulas con sus manos poderosas y salvó a todos los aqueos. Así lo mantuvo hasta que te apartó de allí Palas Atenea.
Otro verso se nos ha conservado por varias referencias eruditas, a tenor de la fecha concreta de la toma de Troya:
la noche estaba mediada y luminosa se levantaba la luna
Un escolio a Licofrón nos deja el fragmento más extenso, que describe el botín de Neoptólemo. Este hijo de Aquiles se lleva a la esposa de Héctor, tras matar, lanzándolo desde la torre, a su hijo; y también toma como esclavo a Eneas (lo que difiere de la versión contenida en el Saco de Troya, donde Eneas logra escapar, y que será la elegida por Virgilio para su Eneida).

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La Etiópida

Para intentar conocer algún dato sobre la composición de esta poema debemos remontarnos a la Tabula Iliaca, un conjunto de obras talladas, acompañadas de inscripciones, que forman un resumen ilustrado de las epopeyas del Ciclo. Pertenecen a época cristiana, pero el original del que derivan se remonta al siglo IV aC.

En la Tabula Iliaca se atribuye el poema de la Etiópida a Arctino de Mileto (el mismo al que la Tabula Borgiana hacía autor de la Titanomaquia). Se le tenía por alumno de Homero y nació en la 9ª Olimpíada (744-741 aC), lo que dataría el poema a finales del siglo VIII aC. En esa época Mileto enviaba a los primeros colonos al Mar Negro, lo que podría explicar que en el poema se aluda a la geografía de esa zona. Además, en Mielto existía devoción por Aquiles, figura central de la Etiópida.

Para conocer detalles sobre el contenido del poema, debemos basarnos en Proclo. Si se compara el resumen de este con las referencias de otros autores y los fragmentos conservados, parece que Proclo omitió algunos de los episodios, en su afán de mantener la secuencia de los acontecimientos. Por ejemplo, el suicidio de Áyax, que aparece en la Pequeña Ilíada, también debió aparecer en la Etiópida, aunque Proclo no lo nombre. Igualmente, la caída de Troya, que según Proclo solo aparece en el Saco de Troya, debió tratarse en la Pequeña Ilíada.

Las dudas aumentan al comprobar que ya en época prealejandrina había vacilaciones en las referencias a estos poemas. Así, Aristóteles mismo no distingue el Saco de Troya de la Pequeña Ilíada.

Los estudiosos han propuesto teorías variadas para reducir la importancia del resumen de Proclo. Algunos postularon que solo existió una epopeya, de Arctino, de la que nos quedan los tres poemas que Proclo llama Etiópida, Saco de Troya y Pequeña Ilíada. También se pensó en la posibilidad de que la Ilíada estuviera precedida de once cantos (los de las Ciprias) y seguida por otros once (los cinco de la Etiópida, los cuatro de la Pequeña Ilíada y los dos del Saco de Troya). Otra versión, totalmente contraria, piensa que Proclo reunió en un solo poema los dos episodios principales de la Etiópida (el de Pentesilea, amazona hija de Ares, y el de Memnón, caudillo etíope), apoyándose en una referencia sobre un poema llamado Amazonía.

Contra estas teorías tenemos, por un lado, la existencia de divergencias cuando dos poemas tratan un mismo tema. Y, sobre todo, la referencia de la Tabula Iliaca. Allí el tema posthomérico se retrata en los tres poemas nombradas, y la unidad de la Etiópida es manifiesta, pues se centra en lalas hazañas y la muerte de Aquiles.

Un Aquiles diferente del retratado por Homero. En la caracterización del personaje domina la emoción: no vacila en matar a Memnón tras haber matado a su primera víctima, de quien se había enamorado, aún sabiendo que esto le causará la muerte a su vez. Después de su muerte, la melancolía se mantiene en la súplica de Tetis a Zeus.

Este es el resumen de Proclo:
Sigue a lo que se ha dicho la Ilíada de Homero, tras la cual están los cinco libros de la Etiópida de Arctino de Mileto, cuyo contenido es el siguiente:
La amazona Pentesilea, hija de Ares, tracia de origen, llega junto a los troyanos, dispuesta a combatir como aliada de ellos. Cuando destacaba en la batalla, la mata Aquiles y los troyanos la sepultan.
Aquiles mata a Tersites, al ser objeto de las injurias de este y por haberle echado en cara un supuesto amor por Pentesilea. Después de eso surge una disputa entre los aqueos a propósito de la muerte de Tersites.
Después de eso, Aquiles se embarca en dirección a Lesbos y tras haber celebrado un sacrificio en honor de Apolo, Ártemis y Leto, es purificado del crimen por Ulises.
Memnón, hijo de la Aurora, provisto de panoplia forjada por Hefesto, llega junto a los troyanos, dispuesto a ayudarlos. Tetis le predice a su hijo lo que se refiere a Memnón.
Al producirse un choque, Antíloco muere a manos de Memnón, Luego, Aquiles mata a Memnón. La Aurora le concede la inmortalidad, tras habérselo suplicado a Zeus.
Después de haber puesto en fuga a los troyanos, y al precipitarse contra la ciudad, Aquiles sucumbe a manos de Paris y Apolo. Promovida una violenta lucha en torno al cadáver, Áyax, que logra retirarlo, se lo lleva a las naves, mientras Ulises rechaza a los troyanos.
Luego entierran a Antíoco y exponen el cadáver de Aquiles.
Tetis, llegada con las Musas y sus hermana, entona el planto por su hijo. Después de eso, Tetis, tras arrebatar a su hijo de la pira, se lo lleva a la isla Leuca.
Los aqueos levantan un túmulo e instituyen juegos. A propósito de las armas de Aquiles sobreviene una disputa entre Ulises y Áyax.
Los fragmentos conservados son escasísimos: un escolio de la Ilíada, donde parece que el poema se enlazaba directamente con esta, al sustituir el epíteto de Héctor en su último verso (Así honraban estos el sepulcro de Héctor. Mas llegó la Amazona, hija del magnánimo Ares, matador de hombres) y un par de papiros de Oxirrinco. El primero nos deja un verso, seguramente dirigido a Pentesilea (¿Y tú, mujer, de quién te glorias de ser descendiente?), y el segundo, algo más largo pero muy fragmentado, nos habla de la lucha entorno al cadáver de Aquiles, y su rescate por Ulises y Áyax. Luego contamos con algunas referencias de otros autores. Por ejemplo, tanto Propercio como Juvenal hablan de la larga vida de Néstor, que se lamenta por haber llegado a ver la muerte de su hijo, Antíloco. También Píndaro parece seguir la Etiópida al narrar la muerte de Antíloco en su Pítica VI.

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Las Ciprias

El poema de las Ciprias es el primero del Ciclo Troyano, si se ordenan sus composiciones por cronología de la historia narrada, y el único que se situaría antes de la Ilíada.

La tradición antigua asigna los poemas del ciclo a sucesores de Homero (los llamados neóteroi), y la leyenda hacía a un tal Estasino de Chipre, supuestamente yerno de Homero, autor de las Ciprias. En general, en la actualidad se acepta que estos poemas son posteriores, y se compusieron con el propósito de completar los episodios que no cubrían la Ilíada y la Odisea, aunque algún autor sostiene que el Ciclo Troyano se escribió primero. Suele situarse la composición de las Ciprias en la primera mitad del siglo VII aC, aunque algún autor lo adelanta a la segunda mitad del siglo VIII aC.

El significado del título resulta algo confuso (a lo que no ayuda que existan variaciones en ese nombre), y se desconoce si se alude a la patria del poeta (es decir, que serían poemas «compuestos en Chipre», lo cual cuadraría con la pervivencia de las tradiciones aqueas en la isla, aun después de las invasiones dorias) o a Afrodita, la diosa chipriota, que tiene un gran papel en el poema (por lo que algún estudioso sugiere que el autor sea el mismo que compuso el Himno a Afrodita, el quinto de los llamados Himnos Homéricos). La Tabula Borgiana, inscripción romana en griego que incluye una lista de poemas épicos, atribuye a Arctino de Mileto un poema de 9500 versos cuyo título se ha perdido, aunque se sabe que era un plural y se ha aventurado, con escasa certidumbre, que esto casaría con la longitud de los once cantos de las Ciprias.

Estos once cantos lo convierten en el poema más extenso de todo el Ciclo Troyano, lo que unido a su precedencia cronológica lo convierten en el representante más destacado del conjunto.

El ciclo tuvo una gran importancia para la lírica posterior, especialmente para Píndaro y Baquílides. También la tragedia recreará diversos episodios de estos poemas, cuya influencia llega a Isócrates y Platón. Además, al ordenar cronológicamente los acontecimientos se sitúa a medio camino entre la épica y las narraciones de los primeros logógrafos, antecesores del género histórico.

Esta exposición sucesiva y coherente de los hechos míticos hace que el ciclo fuera apreciado, aunque su calidad fuera inferior a la que puede encontrarse en las obras de Homero. Esto causó que no fuera copiado y que, como tantas obras, se perdiera en su forma integral.

La pretensión de narrar todos los episodios pre-Ilíada provocó que la narración sea lineal, lo que dispersa el interés del lector y causa ciertos dobletes, con repeticiones de elementos casi iguales. Así, en las Ciprias hay dos desembarcos (en Teutrania y en la Tróade), dos momentos en los que faltan los víveres (en Grecia y en Asia), dos sacrificios propiciatorios (en Áulide y Ténedos), etc. Además, el papel novelesco, incluso cercano al melodrama, aumenta, y se potencian los temas amorosos (Zeus y Némesis, Peleo y Tetis, los Dioscuros y las hijas de Leucipo), con mención especial para el tema de la belleza de Helena, que enamora a Teseo, a Menelao y a una larga lista de pretendientes, a Paris, e incluso a Aquiles.

Por otro lado, las alegorías divinas, como las personificaciones divinizadas que aproximan el poema a Hesíodo o diversos elementos maravillosos (metamorfosis de Némesis, nacimiento de Helena,...) reducen la gravedad con la que suele tratarse lo divino en la Ilíada. Al mismo tiempo, también hay elementos realistas, como los sufrimientos de un ejército en una campaña larga (hambre, motines, saqueos) que son ignorados por Homero.

Conocemos bien el contenido del Ciclo Troyano gracias a un resumen escrito por Proclo, un filósofo neoplatónico, fallecido en el 485 dC (aunque no queda claro si en realidad pudo ser otro Proclo, gramático en la época de los Antoninos). Cualquiera de las dos fechas de composición de este epítome (siglo IV o siglo II), hace difícil que Proclo, sea el que sea, trabajara con los propios poemas del ciclo, cuyo interés decae hacia el siglo IV aC, lo que hará que sean sustituidos por resúmenes prosificados. Es, pues, dudoso que el autor del resumen tuviera acceso a los originales. Tampoco podemos saber si el orden en que se nos presenta el contenido del epítome es el mismo que el de los poemas, o si Proclo tomó los datos y los reorganizó cronológicamente, aunque por las coincidencias con los fragmentos conservados parece que el orden "histórico" ya existía en los poemas.

La llamada Crestomatía de Proclo (que exponemos casi completa, al tratarse en sí misma de un resumen) presenta el siguiente orden, en el que se incluyen comentarios sobre la docena de fragmentos conservados:
  • Zeus delibera con Temis acerca de la guerra troyana. Tenemos un fragmento relativamente extenso (llamado "Determinación de Zeus") que debía ir al comienzo de la narración. Se habla allí de la causa de la Guerra de Troya, exponiendo un motivo mitológico que explica el origen de la muerte: los hombres eran inmortales en un principio, por lo que la multiplicación de sus nacimientos causó una superpoblación que solo pudo ser frenada por la muerte, que aquí se presenta en forma de guerra.
    Hubo un tiempo en el que innumerables tribus, errantes por la tierra, [agobiaban] la superficie de la tierra de profundo pecho. Zeus se apiadó al verlo y en su sagaz inteligencia decidió aligerar de hombres a la tierra, de todos nutricia, atizando la gran querella de la guerra troyana, para que la despoblara el peso de la muerte. En Troya, los héroes perecían y se cumplía la determinación de Zeus.
  • Eris (la vengativa Discordia) se presenta entre los dioses durante las bodas de Peleo y crea un altercado a propósito de la belleza de Atenea, Hera y Afrodita. Zeus ordena que Hermes lleve a las tres a presencia de Alejandro, en el monte Ida, y este elige a Afrodita, que le ha prometido la boda con Helena. Del llamado "Juicio de Paris" conservamos dos fragmentos, que debían ir muy próximos uno al otro, que tratan de los adornos con los que Afrodita se prepara.
    (...) Tales vestidos, perfumados or todas las estaciones, fueron los que Afrodita se uso.
    Y una vez que la risueña Afrodita, con sus sirvientes, hubieron trenzado en fragantes coronas las flores de la tierra, se las pusieron en la cabeza las diosas de fúlgido velo (...).

    Relacionado con el premio concedido por Afrodita (la bella Helena) se trata el tema de sus hermanos, los Dioscuros (Cástor y Pólux), que debían tener bastante importancia en el poema. Se han conservado los versos que describen como Némesis se transforma en oca para huir de Zeus.

    (...) Por tierra y por las oscuras aguas infecundas huía, mas Zeus la perseguía y ansiaba en su ánimo alcanzarla. Ella, tomando unas veces la forma de un pez por entre el oleaje del mar muy bramador, perturbaba el ponto un largo trecho. Otras veces, por la corriente del Océano y los confines de la tierra, otras veces por la tierra firme, pródiga en labrantíos (...)

  • A instancias de Afrodita, se construye una flota. Héleno profetiza lo que acontecerá, y Afrodita ordena que Eneas lo acompañe. También Casandra habla de lo venidero.
  • Alejandro se hospeda en casa de los Tindáridas al llegar a Lacedemonia, y ya en Esparta, en casa de Menelao. Durante un festín, hace regalos a Helena. Menelao parte a Creta, lo que es aprovechado por Afrodita para unir a Alejandro y Helena. Ambos parten de noche con las riquezas que pueden embarcar.
  • Hera les envía una tempestad [aquí Proclo quizá tuvo un desliz, o Heródoto se equivoca de poema cuando comenta que en las Ciprias se dice que Alejandro navegó de Esparta a Ilión disfrutando de una brisa propicia y de un mar en calma]. Alejandro se apodera de la ciudad de Sidón. Al llegar a Troya, se celebra la boda.
  • Mientras, Cástor y Pólux son sorprendidos cuando se llevaban las vacas de Idas y Linceo. Cástor muere a manos de Idas, pero este y Linceo son muertos por Pólux. Zeus concede la inmortalidad a Cástor y Pólux en días alternos. Un fragmento trata el combate:
    Enseguida Linceo subió al Taigeto, fiado en sus raudos pies. Al llegar a lo más alto, atalayó la isla toda del tantálida Pélope, y el glorioso héroe los vio de inmediato con sus terribles ojos a ambos, dentro de una encina hueca: a Cástor, domador de caballos y al vencedor de competiciones, Pólux.
  • Iris le anuncia a Menelao lo acontecido en su casa. Delibera con su hermano (Agamenón) y con Néstor.
  • Néstor, en una larga digresión –algo que caracteriza al personaje también en la Ilíada–, cuenta cómo fue aniquilado Epopeo, rey de Sición, tras haber seducido a la hija de Licurgo, así como la historia de Edipo, la locura de Heracles y lo referente a Teseo y Ariadna.
  • Se reúnen los caudillos tras haber recorrido Grecia. A Ulises, que fingía locura para no acompañarlos, lo descubren cuando, a instancias de Palamedes, le arrebatan a su hijo como castigo.
  • Tras reunirse en Áulide, celebran un sacrificio. Calcante, el adivino, les explica que deberán luchar nueve años en Troya, y que solo al décimo tomarán la ciudad.
  • Alcanzan Teutrania y la saquean, pensando que es Troya. Télefo, rey de Misia, llega en ayuda de los atacados, mata a Tersandro, el hijo de Polinices, pero es herido por Aquiles. [Homero parece ignorar la expedición contra Teutrania, e ignora a Télefo, que luego alcanzaría cierta fama entre los personajes de la tragedia].
  • Cuando emprenden la navegación, una tempestad los dispersa. Aquiles, que llega a Esciros, desposa a la hija de Licomedes, Deidamía.
  • Aquiles cura a Télefo, que había llegado a Argos, para que, de acuerdo con un oráculo, llegue a ser el guía de la expedición naval contra Troya.
  • Reunidos de nuevo en Áulide, Agamenón se jacta de ser mejor que Ártemis tras cazar una corza. La diosa, irritada, impide que naveguen. Tras la explicación de Calcante se preparan para sacrificar a Ifigenia en honor de Ártemis, pero la diosa la traslada junto a los tauros, sustituyéndola por una corza, y la hace inmortal.
  • Navegan a Ténedos. Filoctetes, herido por una serpiente, es abandonado en Lemnos por la fetidez de la herida. Aquiles disputa con Agamenón por haber sido invitado el último. Agemenón se disculpa, pero aquí parece estar el inicio de sus discrepancias: No pensaba encolerizar de un modo tan terrible al ardido corazón de Aquiles, pues muy querido me era.
  • Al desembarcar en Troya son rechazados por los troyanos, y Protesilao (el primero que puso pie en tierra troyana) muere a manos de Héctor. Aquiles los pone en fuga tras matar a Cicno, hijo de Poseidón.
  • Se envían embajadores a los troyanos para reclamar a Helena y las riquezas. Desatendida la reclamación, se lanzan al asalto sobre el muro. Esta acción, que no se nos ha conservado, debía ocupar buena parte del poema.
  • Recorren la región y la saquean, lo mismo que a las ciudades cercanas.
  • Aquiles desea ver a Helena, así que Afrodita y Tetis conciertan un encuentro. Quizá este encuentra fuera la causa, en el poema, de que Aquiles regresara al combate.
  • Aquiles contiene a los aqueos, dispuestos a emprender el regreso, y luego le arrebata las vacas a Eneas, saquea Lirneso y Pédaso, junto a otras ciudades, y mata a Troilo.
  • Patroclo, tras llevarse a Licaón a Lemnos, lo vende como esclavo.
  • Aquiles tomo como recompensa del botín a Briseida, y Agamenón a Criseida. El poema debía dar detalles del rapto de estos personajes.
  • Muere Palamedes. Zeus, para aliviar a los troyanos, decide separar a Aquiles de la alianza aquea. Hay un catálogo de los que combaten con los troyanos.
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Si desea saber más sobre la épica arcaica o consultar la bibliografía utilizada, visite nuestra entrada al respecto.

Eveno de Paros

Poeta del siglo V aC, nacido en Paros. Contemporáneo de Sócrates, es mencionado en varias ocasiones por Platón (en Fedón, Fedro y la Apología de Sócrates). De uno de estos pasajes podría deducirse que fue un posible instructor de Sócrates y que seguía vivo en el momento de la muerte de este (aunque tan anciano que pronto le seguiría).

Cultivó la poesía sapiencial, como vehículo de opiniones y máximas filosóficas. Algunos de los fragmentos conservados son transmitidos por Estobeo, y otros proceden de la Antología griega.

Tener audacia además de sabiduría es muy conveniente,
pero, por sí sola, es dañina y trae desgracia.

Muchos tienen la costumbre de llevar la contraria en todo por igual,
pero lo que ya no entra en su costumbre, es hacerlo en su debida forma.
A esos basta con aplicarles un solo dicho antiguo:
«Sea esta tu opinión, que la mía es esta otra».
Con bellas palabras se puede persuadir enseguida a los inteligentes,
porque ellos son los que con más facilidad aprenden.

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Para saber más sobre la elegía puede leer nuestra entrada sobre los Elegíacos antiguos, a los que pertenece Jon. Allí encontrará la bibliografía utilizada.

Dionisio Calco

Orador ateniense y creador de elegías. Sus discursos solo han sobrevivido como fragmentos en citas realizadas por Plutarco, Aristóteles o Ateneo. Este indica que se le llamó "Calco" (es decir, «de bronce»), porque aconsejó a los atenienses que se adoptara el bronce como metal para sus acuñaciones. Plutarco le atribuye, a él o a su hijo, encabezar a los colonizadores que fundaron Turios en la Magna Grecia (en el 444 o 443 aC).

En cuanto a las elegías, se centran sobre todo en el ambiente del banquete, y suelen tomar la forma de elaboradas metáforas.

Venid aquí a enteraros de una buena nueva,
dirimid las rencillas de las copas, depositad
en mí vuestra comprensión y enteraos de esto.

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Para saber más sobre la elegía puede leer nuestra entrada sobre los Elegíacos antiguos, a los que pertenece Jon. Allí encontrará la bibliografía utilizada.

Jon de Quíos

La vida de Jon de Quíos transcurre aproximadamente entre el 480 y el 422 aC.

Si se juzgan los escasos fragmentos conservados de su obra, es uno de los raros autores de la Antigüedad que cultivaron distintos géneros, tanto en verso (ditirambos, himnos, epigramas, comedias y tragedias –con las que obtuvo varios premios–) como en prosa (obras históricas –como la fundación de Quíos– y filosóficas).

Como ejemplo, ahí va un breve fragmento referido a los banquetes:
Dioniso, portador de tirso, grandemente venerado
(...)
Le pertenecen los banquetes, los queridos hijos, la amistosa alegría
y los coros;
su majestad el vino pone de manifiesto la naturaleza d elos buenos.
Tú, Dioniso, padre suyo, señor de los animados banquetes,
que agradas a los hombres que aman las coronas,
¡Salve! Danos larga vida, protector de las acciones hermosas.
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Para saber más sobre la elegía puede leer nuestra entrada sobre los Elegíacos antiguos, a los que pertenece Jon. Allí encontrará la bibliografía utilizada.

Jenófanes de Colofón

La vida de Jenófanes transcurrió aproximadamente entre el 565 y el 470 aC. El propio autor habla de sus 67 años de vida viajera, iniciada después de los 25.

La mayoría de referencias de las fuentes antiguas se deben a su importancia como pensador: de los testimonios sobre su doctrina se obtiene una imagen de sus inquietudes intelectuales, y fue un referente para la sofística (por lo que se deduce de los fragmentos conservados, revisó diversos aspectos de la naturaleza, los elementos primordiales o el conocimiento).

Por ejemplo, realizó observaciones sobre los fósiles como parte de su estudio sobre los elementos primordiales (que para él eran el agua y la tierra). También criticó el antropomorfismo asignado a los dioses y las creencias que se apoyaban en los escritos de Homero y Hesíodo.
Homero y Hesíodo asignaron a los dioses todo aquello
que entre los hombres es motivo de deshonra y de desprecio:
sus robos, engaños y adulterios.
Fue un poeta innovador, tanto en la forma como en el contenido, sobre todo porque imprime a la elegía ese carácter reflexivo que hemos comentado. De cualquier forma, solo se conservan 68 versos repartidos en ocho fragmentos.

Además de las elegías, nos han llegado poemas en hexámetros (no épicos) y trímetros yámbicos. Se le atribuyó la invención del uso satírico del hexámetro, por lo que se le considera el referente para los Silloi desarrollados por Timón de Fliunte (siglo III aC). Combinó trímetros con hexámetros, por lo que se ha llegado a postular que pudo ser autor del Margites (atribuido a Homero en la Antigüedad).

De los dos fragmentos más largos, uno antepone la inteligencia y la sabiduría a las pruebas de fuerza o velocidad que tanta fama dan a los vencedores. El otro realiza una descripción de un simposio o banquete, incluida la higiene, el perfume, el vino abundante, el altar con flores y la música. Aconseja el poeta no beber en exceso, y ensalzar a quien canta, siempre que sus temas no sean bélicos:
no tratar de batallas de Titanes ni Gigantes
ni tampoco de Centauros, ficciones d elos antiguos,
o de rebeliones violentas, argumentos que nada tienen de útil;
y es menester mantener a cada instante piadoso respeto hacia los dioses.
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Para saber más sobre la elegía puede leer nuestra entrada sobre los Elegíacos antiguos, a los que pertenece Jenófanes. Allí encontrará la bibliografía utilizada.