Píndaro: odas Píticas

Este es el listado de las obras de Píndaro conservadas prácticamente en su totalidad, y clasificadas según el sistema alejandrino por su aparición en las competiciones Píticas. Como es habitual, añadimos algunos versos que nos parecen interesantes.

~ Pítica I, a Hierón de Etna, vencedor en la carrera de carros.
Tras la victoria en el 470 aC de Hierón, tirano de Siracusa, a Píndaro se le encomendó que celebrara este hecho, junto a la fundación de una nueva ciudad en las laderas del Etna. Solicita el poeta la protección de los dioses, y aconseja al nuevo rey, Dinómedes (hijo de Hierón). Podría ser la más bella de las odas de Píndaro.
De sus cavernas son vomitados de fuego inabordable
manantiales purísimos; y sus ríos de día vierten ardiente torrente de humo,
mas en las noches oscuras piedras
arrastra rodando la llama purpúrea a la honda llanura del mar con estruendo.
~ Pítica II, a Hierón de Siracura, vencedor en la carrera de carros.
Compuesta hacia el 475 aC, esta oda incluye encomios a Siracura y ejemplos de la gratitud merecida hacia su tirano, Hierón: el agradecido (como el sacerdote Cíniras) obtiene gozos, el desagradecido (como Ixión) o el denostador (Arquíloco) obtienen justos castigos. No hay referencias concretas a ninguna victoria en los juegos, como es habitual en Píndaro, y desde la antigüedad se la incluye entre el grupo de las odas píticas.

Pítica III, a Hierón de Siracusa.
Esta oda no celebra triunfo deportivo alguno, pero conserva la misma estructura que el resto de odas. Sí incluye el recuerdo de Ferenico, el caballo de carreras del tirano Hierón, llegando luego la narración a cantar el destino de Asclepio. Finalmente, se espera que el poder de Hierón sea conservado en el recuerdo gracias a la poesía.

~ Pítica IV, a Arcesilao de Cirene, vencedor en la carrera de carros.
La oda más extensa de Píndaro celebra la victoria que Arcesilao IV obtuvo en el 462 aC, siendo cantada en su palacio durante una fiesta pública. Mediante Eufemo, ascendiente de Arcesilao y miembro de la expedición de los Argonautas, la obra nos lleva a ese mito, desde el anuncio del oráculo hasta la profecía de Medea sobre el origen de la estirpe de Cirene.
Así, de seguro, fueron las frases de las palabras de Medea. Y estupefactos quedaron, inmóviles, en silencio,
los héroes semidioses al oír el compacto designio.
~ Pítica V, a Arcesilao de Cirene, vencedor en la carrera de carros.
Esta oda celebra la misma victoria que la anterior, pero estaría destinada a ser cantada en las fiestas en honor de Apolo Carneo (y, por tanto, para un público más numeroso y de orígenes más humildes). Brillan los elementos de alabanza al rey y a la importancia del triunfo. También se celebra al auriga, Carroto (cuñado de Arcesilao), pues había vencido a cuarenta carros, quedando el suyo intacto de percances (fue dejado como ofrenda para Apolo).

~ Pítica VI, a Jenócrates de Agrigento, vencedor en la carrera de carros.
Parece, más que un epinicio a la victoria, un encomio al joven Trasibulo, representante en Delfos de su padre Jenócrates. Usa Píndaro aquí el episodio de la Ilíada en que Antíloco defiende a su padre Néstor ante los muros de la ciudad. Las cualidades otorgadas al príncipe son testimonio del afecto personal que el poeta le profesaba.

~ Pítica VII, a Megacles de Atenas, vencedor en la cuadriga.
En esta breve oda dedicada al ateniense, Píndaro se refiere al destierro sufrido por su familia, los Alcmeónidas, y a la condena al ostracismo que sufrió en el 487 aC, justo un año antes de su victoria en los Juegos Píticos.

~ Pítica VIII, a Aristómenes de Egina, vencedor en el pugilato.
Dispensa múltiples alabanzas a la isla de Egina, y tras presentar algunos perturbadores de la Paz (Porfirio, Tifón) recuerda el mito de Alcmeón. Los cambios de las cosas humanas arrancan a Píndaro pensamientos tristes sobre la existencia, en una obra de madurez compuesta en el 446 aC.

~ Pítica IX, a Telesícrates de Cirene, vencedor en la carrera con armas.
La victoria de un cirenaico le da ocasión para retornar al tema mítico de las Píticas IV y V, cantando ahora el nacimiento, la juventud y el desposorio de la ninfa Cirene con Apolo, que la convierte en señora de Libia. Luego elogia rápidamente al vencedor, recordando otras victorias suyas.

~ Pítica X, a Hipocles, joven tesalio, vencedor en la carrera doble.
Compuesto el 498 aC, es el poema más antiguo que conservamos de Píndaro, que por entonces contaba 20 años. Encomio de la familia, del vencedor y de su padre, quien había triunfado también en Delfos, así como en Olimpia. Se centra en el pasaje mítico de Perseo, antes de elogiar la constitución aristocrática.

~ Pítica XI, a Trasideo, joven tebano, vencedor en el estadio.
Invoca Píndaro la presencia de las insignes mujeres míticas de Tebas, patria de Trasideo. Sin querer alejarse, perdiéndose en la cantidad de mitos referenciados, vuelve a la loa del ganador y de su padre, y vuelve a ofrecer una imagen de su ideario político.
¿Acaso, oh amigos, por trivios desviantes me fui separando,
habiendo ido por recto camino antes? ¿O un viento fuera de rumbo
me lanzó, como esquife en el mar?
~ Pítica XII, a Midas de Agrigento, vencedor en el certamen de flauta.
La única que celebra la victoria en una competición artística. Midas, del que nada sabemos, era al parecer un virtuoso del oboe. La oda establece una referencia a la creación mítica de la flauta, y se cierra con el pensamiento sobre la inestabilidad de la suerte humana.

Píndaro: odas Olímpicas

Este es el listado de las obras de Píndaro conservadas prácticamente en su totalidad, y clasificadas según el sistema alejandrino por su aparición en las Olimpíadas. Como es habitual, añadimos algunos versos que nos parecen interesantes.

~ Olímpica I, a Hierón de Siracusa, vencedor en las carreras de caballos.
Sí, es verdad que hay muchas maravillas, pero a veces también
el rumor de los mortales va más allá del verídico relato:
engañan por entero las fábulas tejidas de variopintas mentiras.
El mito usado para el encomio está conformado por los dos episodios de Pélope, a quien su propio padre ofreció troceado como banquete para los dioses, y que, tras su resurrección por Hermes, logró casarse con la hija de Enómao, que mataba a todos los pretendientes durante la carrera de cuadrigas.
Pero si algún hombre, al hacer algo, espera quedar oculto a la divinidad, se engaña.
~ Olímpicas II y III, a Terón de Agrigento, vencedor en la cuadriga.
La II relata la historia de Cadmo y Tebas, ya que la familia de Terón decía descender de Edipo y Layo. Cierta estrofa compara el arco con el don de la poesía, y los versos con las flechas:
Muchos rápidos dardos tengo debajo de mi codo
dentro de la aljaba,
que alzan su voz para los entendidos; mas para la masa
necesitan intérpretes.
La III celebra la misma victoria, pero en lugar de ejecutarse en una fiesta de la corte de Siracusa, su marco lo conforman las fiestas populares dedicadas a los Dioscuros (Cástor y Pólux). El mito se refiere a la caza de la cierva de Arcadia, una de las doce pruebas de Heracles.

~ Olímpicas IV y V, a Psaumis de Camarina, vencedor en la carrera de carros.
La IV celebra la victoria de Ergino (uno de los Argonautas) en los juegos celebrados por Hipsípila. La autoría de la V, que estaría destinada a una festividad en Camarina, es discutida.

~ Olímpica VI, a Hagesias de Siracusa, vencedor en la cuadriga de mulas.
Trata del privilegio de a familia de los Yámidas, quienes transmitían los augurios de Zeus en Olimpia. El don fue entregado por Apolo a Íamo, antecesor de Hagesias.

~ Olímpica VII, a Diágoras de Rodas, vencedor en el pugilato.
Une tres mitos referidos a Rodas: la llegada del héroe Tlepólemo, la fundación de un culto de Atenea, y el nacimiento de la isla (reclamada por Helios).

~ Olímpica VIII, a Alcimedonte de Egina, vencedor en la palestra infantil.
La mención de Egina, isla natal del joven, le lleva a nombrar al colonizador de la misma: Éaco, quien, junto a Poseidón y Apolo, construyó los muros de Troya.

~ Olímpica IX, a Efarmosto de Opunte, vencedor en la palestra.
Al cantarse durante una procesión en la ciudad del vencedor, Píndaro comienza la exposición del mito de Deucalión y Pirra (la pareja superviviente del diluvio griego). Tras la creación de una nueva raza de hombres (surgidos al lanzar piedras, por orden de Zeus), uno de ellos quedó sin descendencia. Zeus le dio en adopción el hijo tenido con una doncella, que recibió el nombre de Opunte, y fue el comienzo de este emplazamiento.

~ Olímpica X, a Hagesidamo, locrio epicefirio, vencedor en el pugilato de niños.
Tras disculparse por el tiempo pasado desde que prometió escribir una obra mayor (ver la siguiente obra), Píndaro alaba la ciudad de Lócride. Se recuerda el tema de la fundación de las Olimpíadas, y un breve catálogo de los primeros vencedores.

~ Olímpica XI, a Hagesidamo, locrio epicefirio, vencedor en el pugilato de niños.
Celebra de forma breve el triunfo en la Olimpíada de 476 aC, prometiendo una obra de mayor envergadura. Alaba al vencedor y a sus compatriotas, sugiriendo su carácter inteligente y valeroso mediante la imagen del zorro y el león.
Tienen a veces los hombres muy grande
necesidad de los vientos; otras, de las aguas celestes,
lluviosas hijas de la nube.
~ Olímpica XII, a Ergóteles de Hímera, vencedor en la carrera larga.
Los azares de la vida del atleta, y la fortuna de su ciudad de adopción, hacen aparecer referencias a Tyche, diosa de la suerte. Se trata de un breve poema, que se cierra con la enumeración de las muchas victorias de Ergóteles.

~ Olímpica XIII, a Jenofonte de Corinto, vencedor en la carrera del estadio y en el pentatlón.
La mayor parte del poema es un elogio de Corinto, con los mitos nacidos en este lugar (principalmente el de Belerofonte y Pegaso). Fue cantada el 464 para elogiar en su doble victoria a Jenofonte, miembro de la familia de los Oligétidas, de larga tradición deportiva.
Cosas hermosas tengo yo por decir, y una recta
confianza incita a que hable mi lengua.
~ Olímpica XIV, a Asópico de Orcómeno, vencedor en la carrera del estadio.
Breve oda que elogia las Gracias, quienes en Orcómeno tenían un santuario.

Logógrafos, los historiadores arcaicos

Aunque el término era usado en la antigua Grecia para referirse a los autores de discursos jurídicos, llamamos logógrafos a los historiadores y cronistas griegos anteriores a Heródoto.

La mayoría provienen de Jonia, región favorable para la llegada de noticias de países lejanos, como corresponde a una zona a caballo entre oriente y occidente. Escribieron por tanto en dialecto jónico, desarrollando el llamado estilo imperiódico: una prosa de carácter continuo, con reminiscencias temáticas procedentes de la poesía épica.

La crítica que realizan sobre las fuentes de su información es prácticamente nula, limitándose a racionalizar las leyendas en torno a la fundación de las ciudades, realizar las genealogías de las familias gobernantes y mostrar las tradiciones y costumbres de los pueblos.
 
Acusilao de Argos puede entrar, aunque con reservas, en esta clasificación. Vivió su acmé en torno al 500 aC, pero su obra nos ha llegado muy fragmentariamente. En su obra declara tomar la información que transmite de unas tablillas descubiertas en su jardín, pero básicamente parafrasea en prosa las genealogías de Hesíodo.

Cadmo de Mileto es contemporáneo del anterior. Al parecer escribió sobre la fundación de su ciudad y de la región de Jonia. Unos lo consideran el primer logógrafo, aunque otros dudan de su existencia.

Hecateo de Mileto nace alrededor del 550 aC, viviendo hasta el 476. Tras largos viajes se asentó en su ciudad natal, donde ocupó altos cargos y se dedicó a la composición de trabajos históricos y geográficos. Trató de disuadir a sus compatriotas de llevar a cabo la revuelta jonia contra el poder persa, y una vez derrotada ésta formó parte de la negociación, persuadiendo al sátrapa para que permitiera la reconstrucción de las ciudades. Se atribuyen a él los dos rollos llamados Ges Periodos (Viajes alrededor de la Tierra), que son básicamente periplos costeros por Europa y Asia. Se conservan pocos fragmentos de sus Genealogiai, donde sistematiza las tradiciones míticas griegas, con un marcado escepticismo, que procede de las diferentes leyendas encontradas durante sus viajes

Janto de Sardes nació supuestamente en el 503 aC, viviendo hasta mediados del siglo V aC. Obtuvo el premio de poesía ditirámbica de Atenas, y en historiografía su aporte principal fue argumentar las tradiciones locales de carácter mítico con hechos geológicos, lingüísticos, racionales y científicos. Por ejemplo, la existencia de conchas marinas en las montañas de Anatolia le hacen llegar a la conclusión de que esos territorios estuvieron bajo el nivel del mar. En su obra Magiká (Relatos sobre los magos) describe a los sucesores de Zoroastro hasta las conquistas de Alejandro. En la Lidíaca escribió la historia de su país, fijándose en aspectos legendarios, en los linajes de los reyes y en sus hechos, describiendo geografía, etnias, anécdotas y etimologías.

Caronte de Lámpsaco vive aproximadamente entre el 500 y el 465 aC. Es autor de anales de su ciudad, crónicas de reyes lacedemonios e historias de Persia, Libia y Etiopía. Por ejemplo, en Pérsica, crónica anual de las Guerras Médicas, se centra en la figura de Temístocles, introduciendo numerosas digresiones etnográficas.

Helánico de Lesbos ocupa casi todo el siglo V aC, naciendo en torno al 490 y viviendo unos 85 años. Entre sus obras se incluye la primera mención de la fundación de Roma por el troyano Eneas, cuando acompañaba a Odiseo en sus viajes por el Lacio. Escribió cronologías, obras de geografía e historia, particularmente sobre el Ática, distinguiendo lo que consideraba mito e historia verdadera. Su estilo, seco y austero, pretendía relatar las tradiciones como si fueran localmente actuales, y se aprovechó de los escasos registros nacionales y sacerdotales que presentaban algo parecido a un registro contemporáneo. Su influencia sobre la historiografía de Atenas es considerable. Algunas de sus obras son:  Las sacerdotisas de Hera en Argos, recopilación cronológica según el orden de sucesión de estas funcionarias; Carneonikae, una lista de los vencedores de los festivales espartanos; Atthis, historia de Ática del 683 al 404 aC.

Damastes de Sigeo, discípulo del anterior, es autor de genealogías de los héroes de la Guerra de Troya, de una lista etnográfica y estadística de tratados cortos sobre materia poética, sofística y geográfica.

Ferecides de Leros vivió la mayor parte de su vida en Atenas (entre el 450 y el 400 aC aproximadamente). Una historia de su isla natal y un ensayo sobre Ifigenia se han perdido, pero conservamos numerosos fragmentos de un libro de genealogías de dioses y héroes. Modificó las leyendas para ajustarlas al gusto popular del momento.

Hippys de Reggio es autor de historias de Italia y Sicilia.

Glauco de Reggio realizó un tratado sobre antiguos poetas y músicos.

Odisea, canto vigesimocuarto: Las paces

Hermes guía las almas de los pretendientes hasta la pradera de asfódelos, donde se encuentran con Aquiles, Patroclo, Ayante y Antíloco; también se une al grupo Agamenón, que narra los días posteriores a la muerte de Aquiles. Anfimedonte, hijo de Menelao, le cuenta a su tío tanto la treta del lienzo como la matanza perpetrada por Ulises.
Por su parte, Ulises y los suyos llegan a la casa de Laertes. El héroe se presenta a su padre y disfrutan de un pequeño banquete.
Mientras tanto, los de la ciudad han ido recuperando los cadáveres de sus familiares, y se agrupan en el ágora. Eupites, padre de Antínoo convence a algunos para acudir contra Ulises a cobrarse venganza.
Atenea consulta la voluntad de Zeus, y éste ordena que haya paz.
Encuentran Eupites y los suyos a Ulises, pero la gente de éste sale armada. Laertes lanza su arma, matando a Eupites, y tanto Ulises como Telémaco se lanzan al ataque. Pero Atenea frena la lucha, permite que huyan los de la ciudad y obliga a que haya paz entre las partes.
Y así termina la Odisea.

Odisea, canto vigesimotercero: Reconocimiento de Ulises por Penélope

La vieja Euriclea anuncia la noticia a Penélope:
-(...) Hallé a Ulises en pie entre los cadáveres, que estaban tendidos en el duro suelo, a su alrededor, los unos encima de los otros; se te holgara el ánimo al verle manchado de sangre y polvo, como un león.
Penélope acude a ver a su esposo, pero necesita una señal para saber que se trata de él: el conocer una peculiaridad de su cama, construida aprovechando el tocón de un olivo.
Ulises ordena a los ocupantes de su casa (hijo, pastores, aedo, criados) que bailen al son de la música, para que crean desde las calles de la ciudad que se ha organizado la boda de uno de los pretendientes.
Acuden al lecho los cónyuges, y tras disfrutar de él un rato, el héroe narra a su esposa todo el devenir de su viaje.
A la mañana siguiente, Ulises llama a su hijo, al boyero y al porquerizo para ir los cuatro a ver a su padre, Laertes.

Odisea, canto vigesimosegundo: La matanza de los pretendientes

A lo largo del capítulo, Ulises y Telémaco matan a sangre fría a todos los pretendientes.
El primero es Antínoo, con una flecha en la garganta.
-¡Ah perros! No creíais que volviese del pueblo troyano a mi morada y me arruinabais la casa, forzabais las mujeres esclavas y, estando yo vivo, pretendíais a mi esposa, sin temer a los dioses que habitan el vasto cielo ni recelar venganza alguna de parte de los hombres. Ya pende la ruina sobre vosotros todos.
Eurímaco trata de hacer que las culpas caigan en el ya muerto Alcínoo, y viendo que no funciona la treta, exhalta a sus compañeros a actuar. Es el siguiente en morir.
Telémaco mata a Anfínomo con la lanza, y luego marcha a coger escudos y yelmos, trayendo también al boyero y al porquerizo. Mientras tanto, Ulises sigue disparando saetas. Cuando las termina, también se arma de escudo y lanzas.
Por su parte, el cabrero Melantio accede al aposento donde Telémaco había guardado las armas, trayendo con él una docena de escudos, yelmos y lanzas.
Eumeo y Filetio persiguen a Melantio cuando regresa al aposento a por más armas, atándolo de una soga y dejándolo suspendido de una columna.
Tiene lugar el combate en la sala, siendo propicio a Ulises y los suyos. Únicamente obtienen clemencia el aedo Femio, a quien obligaban los pretendientes a entretenerles, y el heraldo Medonte, que cuidó bien a Telémaco en su niñez.
Llama luego Ulises a Euriclea, a quien ordena traer, de entre sus esclavas, las que sucumbieron a los pretendientes y no respetaban el mando del ama. A su hijo y sus dos criados les encarga que esas mujeres saquen los cadáveres, limpien la sala, y luego sean llevadas fuera de la casa y muertas.
También Melantio recibe su castigo, y le son amputados orejas, nariz, testículos, manos y pies.

Odisea, canto vigesimoprimero: La propuesta del arco

Penélope toma el arco y la aljaba que Ulises dejó en casa al partir a Troya. Se nos narra cómo Ifito le regaló al héroe el arco de su padre Eurito. Penélope anuncia la prueba a los pretendientes, y Telémaco coloca las doce hachas como corresponde al juego.
El hijo del héroe prueba el primero. Tras tres intentos (a la cuarta lo hubiera armado), una seña de Ulises le detiene, y cede el arco a los pretendientes. Ni siquiera calentando el arco y untándolo con sebo logran los jóvenes tender el arco.
Cuando sólo Eurímaco y Antínoo (los más poderosos de los pretendientes) restan por intentarlo, Ulises se lleva fuera de la casa al pastor y al porquerizo, contándoles quien es en realidad. Confía a Eumeo acercarle el arco y ordenar que las mujeres cierren las puertas de las estancias, y a Filetio cerrar las puertas del patio.
Al no poder armar el arco, Eurímaco pronuncia:
-¡Oh dioses! Grande es el pesar que siento por mí y por vosotros todos. Y aunque me afligen las frustradas nupcias, no tanto me lamento por ellas (pues hay muchas aqueas en la propia Ítaca, rodeada por el mar, y en las restantes ciudades) como por ser nuestras fuerzas de tal modo inferiores a las del divinal Ulises, que no podemos tender su arco: ¡vergüenza será que lleguen a saberlo los venideros!
Ulises pretende también probar, pero Antínoo le increpa y amenaza. Sin embargo, con la ayuda de Telémaco y los criados, el arco llega a sus manos, y el lo arma sin esfuerzo. Tras disparar una flecha, que pasa por el agujero de las doce hachas, hace una señal con las cejas a su hijo.
Y Telémaco, el caro hijo del divino Ulises, ciñó la aguda espada, asió su lanza y, armado de reluciente bronce, se puso en pie al lado de la silla, junto a su padre.

Odisea, canto vigésimo: Lo que precedió a la matanza de los pretendientes

Ulises, sin poder dormirse, implora a Atenea, y ésta le reconforta. Al despertar, pide una señal del apoyo divino a Zeus, que deja sonar un trueno sin nubes.
Se encuentran luego Eumeo y Ulises, y poco después llega el cabrero Melantio, que vuelve a injuriar al "mendigo". Filetio, otro de los pastores, da la bienvenida al desconocido, lamentándose por la falta de Ulises y deseando su regreso.
Los pretendientes se reúnen de nuevo para comer en la hacienda de Ulises. Naturalmente, a pesar de la protección de Telémaco, las injurias contra el mendigo continúa. Atenea perturba la razón de los pretendientes, y Teoclímeno lo ve como un mal presagio:
-¡Ah míseros! ¿Qué mal es ese que padecéis? Noche oscura os envuelve la cabeza, y el rostro, y abajo las rodillas; crecen los gemidos; báñanse en lágrimas las mejillas, y así los muros como los hermosos intercolumnios están rociados de sangre. Llenan el vestíbulo y el patio las sombras de los que descienden al tenebroso Erebo; el sol desapareció del cielo y una horrible oscuridad se extiende por doquier.
Parte el adivino a casa de Pireo, y los pretendientes siguen riéndose de Telémaco por la elección de sus huéspedes: un vagabundo y un loco.

Odisea, canto decimonoveno: Coloquio de Ulises y Penélope. El lavatorio o reconocimiento de Ulises por Euriclea

Ulises y Telémaco guardan las armas, para que los pretendientes no puedan encontrarlas cuando más van a necesitarlas. Luego, Ulises acude a hablar con Penélope, y su hijo se va a dormir.
La doncella Melanto vuelve a reprender a Ulises por permanecer en la casa, pero Penélope defiende a su huésped, y comienza a preguntarle sobre su patria y linaje, al tiempo que cuenta largamente la trampa del sudario de Laertes. Ulises se hace pasar por Etón, hermano de Idomeneo, y cuenta a Penélope algunas cosas de Ulises. Ella, emocionada, le entrega vestiduras nuevas y hace que Euriclea lave sus pies y manos.
Se nos cuenta entonces cómo Ulises recibió siendo joven la herida de un jabalí en una rodilla, que le dejó cicatriz, la cual reconoce en seguida la vieja ama. Ulises la hace callar y mantener el secreto.
Penélope consulta al "viejo mendigo" sobre un sueño, en el que un gavilán mataba a los veinte gansos de su hacienda: el gavilán representa a Ulises, y los gansos a los pretendientes, destinados a morir. Luego, la esposa le comunica su intención de promover un certamen: el agujero del mango de las doce hachas, por donde deberá pasar una flecha lanzada por el arco de Ulises.

Odisea, canto decimoctavo: Pugilato de Ulises con Iro

Llega al banquete un mendigo (éste de verdad) que pretende echar a Ulises de allí. Su nombre es Arneo, aunque le llaman Iro, y es un bebedor sinvergüenza. Increpando al héroe, logra enfadarle, y Antínoo, para hacer la gracia, consigue organizar una lucha entre ambos. Aunque de aspecto envejecido, Ulises es muy superior a su contrario, y lo derriba de un sólo golpe.
-Quédate ahí sentado para ahuyentar a los puercos y los canes; y no quieras, siendo tan ruin, ser el señor de los huéspedes y de los pobres, no sea que te atraigas un daño aún peor que el de ahora.
Penélope se muestra a los pretendientes una vez más, y aunque veladamente los increpa por consumir la hacienda del desaparecido Ulises, éstos no captan la sutileza y le entregan algunos regalos.
Eurímaco sigue molestando al "mendigo". Al contestarle éste de malas maneras, el pretendiente le lanza el escabel, acertando a uno de los coperos en la mano. Telémaco, contrario al alboroto que montan el resto, pide que cada uno se marcha a su casa, y así lo hacen.

Píndaro: introducción

Nacido en Cinocéfalos (aldea cercana a Tebas) en la Olimpiada 65 (522 o 518 aC), en el seno de la aristocrática familia de los Égidas. De habilidad precoz, parece ser que fue enviado a Atenas para completar su educación musical, llegando a la ciudad en la época de la consolidación de la democracia radical.
En el 498 aC compuso su primera oda (la Pítica X), y a partir de este momento el éxito le acompañó, manteniendo el contacto con familias nobles y poderosas.
Las Guerras Médicas del 480 aC debieron suponer para él un punto de inflexión, sobre todo por el conflicto entre la lealtad a Tebas (aliada con los persas) y la admiración por el comportamiento de Atenas y Esparta.
Para organizar la puesta en escena de sus odas, y por conocer directamente el ambiente de los juegos, viajó a Delfos, Olimpia, Egina y Nemea; fue invitado a Siracusa por el tirano Hierón, y se dice que también visitó Cirene, en la costa africana. Sin embargo, no fue un poeta tan cosmopolita como otros contemporáneos suyos.
Murió en Argos, contando unos ochenta años.

Para entender las obras de Píndaro debemos tener en cuenta el desarrollo vivido en los siglos VI y V aC por la lírica coral, que había llevado a la creación de una temática con asuntos puramente humanos. Sin embargo, el espíritu religioso no se había alejado de este tipo de poesía, sobre todo si debía cantarse en festivales donde el dios se suponía presente. Si, por ejemplo, debían cantarse alabanzas de un vencedor en los juegos, también aparecía la vertiente religiosa, ya que éstos habían sido establecidos para honrar a un dios o a un héroe. Los encomios (cantos de alabanza), trenos (cantos fúnebres), epitalamios (cantos de boda) y epinicios (cantos de victoria), aunque pagados por un particular se realizaban para disfrute público (como exhibición del poderío económico y social).

Los estudiosos de Alejandría contaban con once rollos de poemas de Píndaro relacionados con el culto: uno de himnos a los dioses, otro de peanes a Apolo, dos de ditirambos a Dioniso, dos de cantos procesionales (Prosodia), otros dos de cantos de danza (Hyporchémata), y tres de cantos de mujeres jóvenes (Partenios). A éstos se añadirían seis rollos dedicados a los humanos: uno de encomios, uno de trenos y cuatro de epinicios. La mayor parte de su obra nos ha llegado fragmentada, con la salvedad de los epinicios, conservados admirablemente bien. Odas es el nombre que han recibido éstos, siendo clasificados según los juegos en que se obtuvieron las victorias: catorce Olímpicas (juegos de Olimpia en honor de Zeus, cada cuatro años), doce Píticas (juegos de Delfos en honor de Apolo Pitio, cada cuatro años), once Nemeas (juegos de Nemea en honor de Zeus, cada dos años), ocho Ístmicas (juegos en el Istmo de Corinto en honor de Poseidón, cada dos años). Sin embargo, su ordenación no es cronológica, incluye una oda que no es del autor, y un par de ellas están desplazadas (la Olímpica XII celebra una victoria en Delfos, y la Nemea IX una en Sición).

Las odas se organizan en cierto número de tríadas (compuestas por estrofa y antistrofa, ambas con el mismo esquema, y un épodo de distinta unidad). Los elementos habituales son: el mito, la frase sentenciosa de validez general, el aspecto religioso...; pero siempre con la intención de encomiar al vencedor. Para el lector actual, el problema de las odas es su aparente falta de unidad, sumado al desconcierto que crea la ausencia de detalles sobre el acontecimiento deportivo: parece que la victoria en los juegos no es más que un pretexto para celebrar ciertos rasgos fundamentales de la cultura griega, como el sentido de cohesión nacional o el espíritu de superación. El poeta se mueve siempre entre la individualidad del encomiado y el carácter eterno e inmutable de la sapiencia, con el objetivo de no crear un héroe suprahumano que pudiera resultar fastidioso y blanco de envidias.

En cuanto al estilo, sigue el uso extenso de la metáfora tan común en su siglo, generalmente uniendo en secuencia una convencional y una nueva. También utiliza la priamel, una estructura contrastiva que va presentando diversos elementos hasta llegar al término que se desea resaltar. Es muy frecuente que se dé un esquema tripartito (elogio - mito - elogio), junto a la presencia de otros elementos (descripciones, amplificaciones, digresiones o menciones de otras deidades, peticiones, despedidas). Dicho mito central puede estar relacionado con el dios en cuyo honor se celebran los juegos, con la ciudad de la que procede el vencedor, o bien con el origen de su familia. Su actitud es moralizante, obviando o modificando los pasajes míticos comprometidos.

Comentaremos a continuación algunas de las obras conservadas fragmentariamente, dejando las odas para tratar siguiendo la clasificación alejandrina: odas olímpicas, odas píticas, odas nemeas y odas ístmicas.
De entre los himnos a los dioses, el mejor conservado es uno dedicado para los tebanos a Zeus, que incluye los episodios de los nacimientos de Atenea, Apolo y Artemisa.
Por otra parte, aparecen versos muy fragmentados en torno a Tyche:
Fortuna que a nadie obedece, girando el timón a uno y otro lado...
De los peanes conservamos nueve, algunos en bastante buen estado. En tiempos de Píndaro, estas composiciones vinculadas a la glorificación de Apolo ya habían pasado a celebrar también a héroes y hombres. El peán I estaba dedicado a la fiesta del año nuevo:
Antes que las penas de la vejez se acerquen,
proteja uno antes con alegría
su espíritu, librado de pasiones, en mesura,
después que vio la riqueza instaurada en su casa.
El Peán IX fue muy citado, sobre todo por la descripción de un eclipse (probablemente, del 463 aC):
¡Llama del Sol, que todo lo contemplas! ¿Qué pretendes,
oh Madre de los ojos, que al astro altísimo
en pleno día arrebataste? ¿(Por qué) dejaste sin amparo
la fuerza a los hombres y el camino de su sabiduría,
habiéndote lanzado por ruta de tinieblas?
Se conservan asimismo fragmentos de algunos ditirambos, donde destaca el II, que narra el encuentro entre Hércules y Cerbero; de tres prosodios (cantos procesionales); de algunos partenios, destacando el dedicado a los 'portadores del laurel' tebanos; unas pocas hyporchémata (cantos de danza); otros tantos encomios (a Terón, Alejandro Amintida, Jenofonte, Teóxeno, Trasíbulo y Hierón); y trenos, donde destacamos el siguiente, que expresa de forma sencilla y magnífica el dolor de la partida:
Astros y ríos y olas del mar
te reclaman a ti, que te fuiste a destiempo...

Odisea, canto decimoséptimo: Vuelta de Telémaco a Ítaca

Telémaco parte hacia la ciudad, dejando al "mendigo" al cuidado del pastor, para que le lleve también a la ciudad un poco más adelante. El hijo de Ulises se encuentra con su madre, a quien tranquiliza, y se reúne con algunos compañeros de su padre. Pireo, junto con el adivino que se unió al viaje del joven en las tierras de Néstor, se une también a ellos.
Entran Pireo y Telémaco a la casa {hemos de entender que también el adivino Teoclímeno, pues luego interviene}, y el segundo cuenta a su madre los pormenores de su viaje.
Ulises y el pastor, casi llegando ya a la ciudad, se encuentran con Melantio (que viene con unas cabras para el banquete de los pretendientes) y les insulta y ultraja. Ulises sufre, pero logra contenerse.
Una vez cerca de la casa, deciden que primero entre el pastor, pero antes el perro de Ulises, llamado Argos, reconoce a su dueño, para morir poco después.
Entra Ulises en la sala donde los pretendientes celebran el banquete. Telémaco, por mediación del pastor, le entrega algo de pan y carne, y que, para conocer la naturaleza de los pretendientes, pida algo a todos ellos. Melantio le increpa, y con la excusa de defender las propiedades de Telémaco, Antínoo se une a él. El hijo de Ulises, sin embargo, defiende al mendigo:
-(...) Coge algo y dáselo, que no te lo prohíbo, antes bien, te invito a hacerlo; y no temas que lo lleve a mal ni mi madre, ni ninguno de los esclavos que viven en la casa del divino Ulises. Mas no hay en tu pecho tal propósito, que prefieres comértelo a darlo a nadie.
Ulises sigue acosando a Antínoo, que termina por lanzarle un escabel.
Penélope se interesa por el vagabundo, y decide preguntarle por si conoce nuevas de Ulises. El mendigo prefiere esperar para hablar con ella a solas.
Eumeo, que ha servido de mensajero para los esposos, marcha a su majada.

La escuela sofista

Sofista es un termino derivado de sophia ("sabiduría"), y designa por tanto al ingenioso y al gobernante práctico, a los poetas y a los educadores. Sin embargo, al transcurrir el tiempo va adquiriendo un tinte despectivo, y ya en Píndaro denota al charlatán. El paso a la designación despectiva no está completamente claro: coincide con un incremento de las suspicacias de los atenienses contra los que mostraban una mayor inteligencia, aunque Sófocles lo atribuye al hecho de que los educadores cobraran por su servicio. Sin embargo, la crítica a los sofistas por parte de Platón y Aristóteles proviene del uso de las palabras como medio de persuasión (por delante de la verdad de los argumentos) y de la utilización de la falacia como método.

~ Protágoras.
Nacido en Abdera (Tracia) hacia 485 aC, fue un pensador viajero que ejerció como maestro de retórica y conducta en Sicilia y ciudades de Asia Menor. Vivió durante un par de temporadas en Atenas, donde conoció a Sócrates y fue amigo de Pericles; éste le encargó redactar la constitución para la nueva colonia de Turios (444 o 443 aC), en la que aparece por primera vez en la historia la educación pública y obligatoria. Platón le acredita ser el inventor del papel de sofista, y dice de Sócrates que guardaba estima por sus cualidades retóricas y la profundidad de sus predicados, aunque contrario al uso que hacían de los mismos. Durante su segunda visita a Atenas (muerto ya Pericles), fue rechazado y castigado con la muerte o el exilio, supuestamente por su impiedad (habría leído su obra Sobre los dioses, donde decía desconocer la existencia o la ausencia de seres divinos). Murió en torno a 411 aC, al zozobrar el barco que le alejaba de Atenas (tal vez cumpliendo el exilio o huir de la condena a muerte).
En la obra perdida Los discursos demoledores aparece su sentencia más famosa, transmitida por otros autores de la Antigüedad: El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son
Es conocida una anécdota que conforma la llamada paradoja de Protágoras; anécdota recogida por Aulo Gelio en el siglo II.

~ Antifonte.
Nació hacia 480 aC, en Atenas o en su colonia Ramnunte. Filósofo, matemático, pero sobre todo orador, ganó gran reputación escribiendo discursos por encargo (en Atenas el litigante debía defenderse en persona). Destaca por la sutileza de sus argumentaciones, que descansan sobre evidencias y testimonios, así como en los 'argumentos de verosimilitud'. Identificaba el mundo de la verdad con la naturaleza, y el de la apariencia (el hombre) con lo falso. La aspiración del hombre es el triplete naturaleza-verdad-bondad, pero en su camino se interpone la ley, convención artificial, a veces contraria a lo natural y siempre mudable. Murió hacia el 411 aC.

~ Gorgias.
Su vida corre aproximadamente entre los años 485 y 380 aC. Supuestamente nacido en Leontino (Sicilia), alumno de Empédocles y de los retóricos Córax y Tisias. Viajó mucho por las ciudades griegas, hasta que terminó por residir en Atenas en 427 aC, causando sensación por su dominio de la palabra: se dice que, en los lugares público, argumentaba sobre cierto tema, y cuando había (con)vencido a todos pasaba a defender la tesis contraria, y así sucesivamente. Comparte el relativismo y el escepticismo de Protágoras, llegando al nihilismo, y se le atribuye la obra Sobre la naturaliza o el no-Ser, donde ataca la postura eleática, viéndose influido por ella. Su triple tesis sigue la siguiente línea: nada existe; si algo existiese sería incognoscible; si algo fuera cognoscible, sería incomunicable.

~ Hipias.
Nacido a mediados del siglo V aC en la región de la Élide. Fue el descubridor de la cuadratriz. Al parecer, estaba dotado de una excepcional memoria, y desarrolló varios métodos mnemotécnicos. Se jactaba de poder argumentar sobre cualquier tema, ya que su talento no eran los conocimientos, sino la argumentación.

~ Pródico.
Nació hacia el año 465 aC y seguía vivo en el 394 aC. Nació en Yulis, en la isla egea de Ceos. Estableció la base para la teoría naturalista de la explicación de los mitos, al establecer que los antiguos habían deificado las cosas útiles, tal y como los egipcios adoraron al Nilo. Se interesó por el lenguaje, en particular por los sinónimos.

~ Critias.
Nacido hacia el 460 aC, fue uno de los Treinta Tiranos impuestos por Esparta tras su victoria sobre Atenas. Prolífico autor y muy implicado en política (defensor de Alcibíades, cabecilla oligarca y extremista), murió en el 403 aC, en el campo de batalla que enfrentaba su facción contra los pro-demócratas de Trasíbulo.

Odisea, canto decimosexto: Reconocimiento de Ulises por Telémaco

Terminado el desayuno por los pastores, llega Telémaco a la cabaña de Eumeo. El pastor hace un breve resumen de los problemas del mendigo, mientras Telémaco se queja por su infortunio.
El hijo del héroe envía a Eumeo a la ciudad, para entregar el mismo mensaje que porta la nave de sus compañeros. Al quedarse solos padre e hijo, Atenea aconseja a Ulises que le diga la verdad, y deshace su imagen de viejo.
Mientras tanto, la nave de Antínoo (la que estaba tratando de emboscar a Telémaco) regresa al puerto. Antínoo y Eurímaco planean el asesinato de Telémaco, mientras éste y su padre preparan el ataque sobre los pretendientes.
Regresa Eumeo a la majada, y Atenea rehace la transfiguración de Ulises.